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“De algún modo creí que sería mejor”.
DECEPCIONES
Muchas de nuestras decepciones al vivir con un alcohólico sobrio pueden ser medidas de nuestras expectativas sobre la sobriedad.
Algunos de nosotros esperamos demasiado, le atribuimos prodi- gios sobrenaturales a la sobriedad, contamos con ella para resolver todos nuestros problemas y dependemos de ella para sentirnos mejor nosotros mismos. Luego nos decepcionamos.
Algunos esperamos demasiado, demasiado pronto, olvidamos que el alcoholismo es una enfermedad que dura toda la vida, que la sobriedad es sólo el comienzo de la recuperación, que puede ser de breve duración, que nuestros seres queridos pueden aún tener defec- tos de carácter. Más tarde nos decepcionamos.
Algunos no esperamos nada. Aturdidos por luchas que no empe- zamos, en terrenos que no escogimos, ya no esperamos nada. Confundimos la ausencia de dolor con la felicidad. Cuando recono- cemos nuestra confusión nos decepcionamos.
Luego estamos los que creemos que hay una diferencia entre expectativa y esperanza. Aunque tratamos de no contar con que las cosas salgan bien, todavía esperamos que la sobriedad aporte alguna unidad, un comportamiento de experiencias y responsabilidades y una vida agradable. Algunos de nosotros luego nos decepcionamos.
Los momentos difíciles de la vida nunca terminan, y aún así, ¿sig- nifica esto que no debamos tener esperanza? ¿No conocemos todos a personas que tienen seres queridos que los apoyan y ayudan y todavía sufren pérdidas, tienen mala salud, o deudas irrecuperables? Vivir con un alcohólico sobrio es, después de todo, vivir. Mientras vivimos, estamos sujetos a las decepciones de la vida, así como a las nuestras y, como no podemos esperar evitarlas todas, quizá sería mejor buscar la forma de neutralizar sus efectos perjudiciales sobre nosotros.
Algunos de nosotros hemos podido afrontar las decepciones esta- bleciendo metas realistas, evitando esperar de los demás y usando el
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