Page 114 - En El Patio
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Arlette Pichardo Muñiz
Para sus habitantes simplemente “La Aldea”, aunque quienes la visiten quizás le llamen de otra ma- nera, sin reparar en los atributos en su entorno. Cuenta con las cosas verdaderamente buenas o huma- nas: se respira aire puro, paz y tranquilidad, se disfruta del sonido de los pájaros y del fluir del agua cris- talina; la oscuridad de la noche es el pase para ver las estrellas y cada cosa hace recordar a los seres humanos como lo que son: parte de la naturaleza a la que deben su existencia, sin sentir necesidad por las cosas cómodas.
Y, por tanto, con capacidad para mantener distancia con satisfactores violadores o destructores, co- mo los llaman Max-Neef y colaboradores (1993), aquellas formas de satisfacer una determina necesidad que no solo aniquilan la posibilidad de su satisfacción en un plazo mediato, sino también que imposibili- tan, por sus efectos colaterales, la satisfacción adecuada de otras necesidades, cuya principal caracte- rística es que son satisfactores impuestos y pueden provocar comportamientos humanos aberrantes.
Un modo de existir y habitar, de actuar, sentir y pensar, de afectar y ser afectado, hacer daño a la naturaleza es el daño propio, a la mejor manera de Spinoza (2000/1678). La vida no se deja acosar por la enfermedad del tiempo (Dossey, 1986/1982). El tiempo fluye, no se escasilla, ni se encajona, está libre de las ataduras de rutinas anquilosantes.
El anciano trabaja y atiende visitas, danzando al compás de la simultaneidad, con el aplauso de Alicia Fernández (2011) libera la atencionalidad atrapada, al trascender en el modo habitual de prestar aten- ción. Repara la rueda de su molino, comparte su sabiduría de reverenciar a la naturaleza con una perso- na desconocida y luego se alista sin prisa, pero con pausa, para ir a un funeral, que entremezcla el pa- sado: la nostalgia de la mujer que amó; el presente: el agradecimiento por haberla conocido; y el futuro: la larga vida como un regalo del buen vivir.
La vida y la muerte fluyen en una misma sintonía, son una fiesta, motivo de celebración, color espe- ranza. El canto a la vida y a la muerte es un mismo canto, no son dos, es solo uno; no hay dualidad, sino la paradoja del ser y seguir siendo.
Fuente. Elaboración propia con base en la película del mismo nombre. En https://vimeo.com/38211335. Imagen tomada de http://www.artstudiomagazine.com/cine/akira-kurosawa.html
Recuadro 12. De la Oikonomía o en “La Aldea de los Molinos de Agua”
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