Page 118 - En El Patio
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Arlette Pichardo Muñiz
El trueque, el pago en especie y el canje constituyen un principio de comportamiento económico que, para ser eficaz, depende del modelo de mercado. Un mercado es un lugar de encuentro con fines de trueque o de compra-venta. Si ese modelo no existiese, aunque solo fuese de forma local, la propensión al trueque dispondría únicamente para poder realizarse de un terreno insuficiente, de tal forma que no podría dar origen a los precios. Del mismo modo que la reciprocidad se sustenta en un modelo simétrico de organización, y que la redistribu- ción se ve facilitada por un cierto grado de centralización, se puede decir que el principio del trueque depende, para ser eficaz, del modelo de mercado, de modo semejante a como la administración doméstica se basa en la autarquía. Ahora bien, si la reciprocidad, la redistribución o la administración doméstica pueden existir en una sociedad sin que ello signifique adquirir un papel predominante, también el principio del trueque puede ocupar un lugar subalterno en una sociedad en la que priman otros principios.
En otros aspectos, no obstante, el principio del trueque no puede ser comparado estrictamente con los otros principios mencionados. El modelo del mercado, con el que este principio está asociado, es mucho más específi- co que la simetría, la centralidad y la autarquía –quienes en contraste con él, son simples «rasgos» y no generan instituciones dedicadas a una función única–. La simetría no es nada más que un dispositivo sociológico que no engendra instituciones independientes, sino que simplemente proporciona a las ya existentes un modelo al que pueden conformarse (que el modelo de una tribu o de un pueblo sea simétrico o no, no implica ninguna institu- ción distintiva). Por su parte, la centralidad, pese a que con frecuencia crea instituciones distintas, no supone ningún móvil por el cual la nueva institución tenga necesariamente que adquirir determinados rasgos específi- cos (el jefe de una aldea o de un personaje oficial de importancia pueden, por ejemplo, asegurar indiferentemen- te todo tipo de funciones políticas, militares, religiosas o económicas). La autarquía económica, por último, no es más que un rasgo accesorio de un grupo cerrado.
El modelo del mercado, en la medida en que está íntimamente unido a un móvil particular que le es propio – el del pago en especie o el trueque– es capaz de crear una institución específica, más precisamente, es capaz de crear el mercado. A fin de cuentas ésta es la razón por la que el control del sistema económico por el mercado tiene irresistibles efectos en la organización de la sociedad en su conjunto: esto significa simplemente que la so- ciedad es gestionada en tanto que auxiliar del mercado. En tanto que la economía se vea marcada por las rela- ciones sociales, son las relaciones sociales quienes se ven encasilladas en el interior del sistema económico. La importancia vital del factor económico para la existencia de la sociedad excluye cualquier otro tipo de relación, pues, una vez que el sistema económico se organiza en instituciones separadas, fundadas sobre móviles deter- minados y dotadas de un estatuto especial, la sociedad se ve obligada a adoptar una determinada forma que permita funcionar a ese sistema siguiendo sus propias leyes. Es justamente en este sentido en el que debe ser entendida la conocida afirmación de que una economía de mercado únicamente puede funcionar en una socie- dad de mercado.
El paso de los mercados aislados a una economía de mercado, y el de los mercados regulados a un mercado autorregulado, son realmente de una importancia capital. El siglo XIX –que saludó este hecho como si se hubiese alcanzado la cumbre de la civilización o lo vituperó considerándolo una excrecencia cancerosa– imaginó inge- nuamente que esta evolución era el resultado natural de la expansión de los mercados, sin darse cuenta de que la transformación de los mercados en un sistema autorregulado, dotado de un poder inimaginable, no resultaba de una tendencia a proliferar por parte de los mercados, sino que era más bien el efecto de la administración en el interior del cuerpo social de estimulantes enormemente artificiales a fin de responder a una situación creada por el fenómeno no menos artificial del maquinismo. No se reconoció entonces que el modelo de mercado en cuanto tal era por naturaleza limitado y poco proclive a extenderse, como se deduce claramente de las investi- gaciones modernas sobre el tema.
“No se encuentran mercados en todas partes. Su ausencia, a la vez que indica un cierto aislamiento y una ten- dencia de las sociedades a replegarse sobre sí mismas, no permite concluir que el mercado sea un producto de la evolución natural”. Frase tomada de Economics in Primitive Communities de Thurnwald (comillas del autor).
Fuente: Tomado de Polanyi, 2015/1944, de la 103 a la106.
Recuadro 15. De una lectura de las formas de operación del mercado desde Polanyi
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