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—Siento mucho esto —murmuró—. Tenía que hacer lo que pudiera... Tenía que
intentarlo.
—Gracias —el temblor de mi voz arruinó el efecto del sarcasmo. Miré hacia el
camino, casi esperando ver aparecer a Charlie embistiendo contra los helechos
mojados como un toro enfurecido. En ese escenario, seguramente yo sería la bandera
roja.
—Sólo una cosa más —me dijo Edward, y después miró a Jacob—. No hemos
encontrado rastro alguno de Victoria a nuestro lado de la línea, ¿y vosotros?
Supo la respuesta tan pronto como Jacob la pensó, pero éste contestó de todos
modos.
—La última vez fue cuando Bella estuvo... fuera. Le dejamos creer que había
conseguido infiltrarse para estrechar el cerco, y estábamos preparados para
emboscarla...
Un escalofrío helado me recorrió la columna.
—Pero entonces salió disparada, como un murciélago escapando del infierno.
Por lo que nosotros creemos, captó tu olor y eso la sacó del apuro. No ha aparecido
por nuestras tierras desde entonces.
Edward asintió.
—Cuando ella regrese, no es ya problema vuestro. Nosotros...
—Mató en nuestro territorio —masculló Jacob—. ¡Es nuestra!
—No... —empecé a protestar dirigiéndome a los dos.
—¡BELLA! ¡VEO EL COCHE DE EDWARD Y SÉ QUE ESTÁS AHÍ FUERA! ¡SI
NO ENTRAS EN CASA EN UN MINUTO...! —Charlie ni siquiera se molestó en
completar su amenaza.
—Vámonos —me instó Edward.
Miré atrás hacia Jacob, con el corazón dividido. ¿Volvería a verle otra vez?
—Lo siento —susurró él tan bajo que tuve que leerle los labios para entenderlo
—. Adiós, Bella.
—Lo prometiste —le recordé con desesperación—. Prometiste que siempre
seríamos amigos, ¿de acuerdo?
Jacob sacudió la cabeza lentamente, y el nudo de mi garganta casi me
estranguló.
—Ya sabes que intenté mantener esa promesa, pero... no veo cómo va a ser
posible. No ahora... —luchó para no mover su dura máscara de lugar, pero ésta
vaciló y después desapareció—. Te echaré de menos —articuló con los labios. Una de
sus manos se alzó hacia mí con los dedos extendidos, como si deseara que fueran lo
suficientemente largos para cruzar la distancia entre los dos.
—Yo también —contesté ahogada por la emoción. Mi mano también se alzó
hacia la suya a través del amplio espacio.
Como si estuviéramos conectados, el eco de su dolor se retorció dentro de mí.
Su dolor, mi dolor.
—Jake...
Di un paso hacia él. Quería pasar mis brazos por su cintura y borrar esa
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