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AUTOR                                                                                               Libro
               expresión de sufrimiento de su rostro. Edward me empujó hacia atrás de nuevo,
               sujetándome más que defendiéndome con los brazos.
                     —Todo va bien —le prometí, y alcé la vista para leer su rostro con la verdad en
               mis ojos. Supuse que él lo entendería.
                     Pero sus ojos eran inescrutables y su rostro inexpresivo. Frío.
                     —No, no va bien.
                     —Suéltala —rugió Jacob, furioso otra vez—. ¡Ella quiere que la sueltes!
                     Dio dos zancadas hacia delante. Un destello llameó en sus ojos en anticipación a
               la lucha. Su pecho pareció ondularse cuando se estremeció.
                     Edward volvió a empujarme detrás de él y se dio la vuelta para encarar a Jacob.
                     —¡No! ¡Edward...!
                     —¡ISABELLA SWAN!
                     —¡Vámonos! ¡Charlie está como loco! —mi voz estaba llena de pánico, pero
               ahora no por Charlie—. ¡Date prisa!
                     Tiré de él y se relajó un poco. Me empujó hacia atrás lentamente. Mientras nos
               retirábamos, no perdió de vista a Jacob...
                     ... que nos miró con el oscuro ceño fruncido en su rostro amargo. La expectativa
               de la lucha desapareció de sus ojos y entonces, justo antes de que el bosque se
               interpusiera entre nosotros, su cara se contrajo llena de pena.
                     Supe que este último atisbo de su rostro me perseguiría hasta que volviera a
               verle sonreír.
                     Y justo allí me juré que volvería a contemplar su sonrisa, y pronto. Encontraría
               la manera de que continuara siendo mi amigo.

                     Edward mantuvo su brazo ceñido a mi cintura, conservándome cerca de él. Esto
               fue lo único que impidió que rompiera a llorar.
                     Tenía varios problemas realmente serios.
                     Mi mejor amigo me contaba entre sus peores enemigos.
                     Victoria seguía suelta, poniendo a toda la gente que amaba en peligro.
                     Los Vulturis me matarían si no me convertía pronto en vampiro.
                     Y ahora parecía que si lo hacía, los licántropos quileutes tratarían de hacer el
               trabajo por su cuenta, además de intentar matar a mi futura familia. No creo que
               tuvieran ninguna oportunidad en realidad, pero ¿terminaría mi mejor amigo muerto
               en el intento?
                     Eran   problemas   muy,   muy   serios.  Así   que   ¿por   qué   me   parecieron   todos
               repentinamente insignificantes cuando salimos de detrás del último de los árboles y
               vi la expresión del rostro purpúreo de Charlie?
                     Edward me dio un apretón suave.
                     —Estoy aquí.
                     Respiré hondo.
                     Eso era cierto. Edward estaba allí, rodeándome con sus brazos.
                     Podría enfrentarme a cualquier cosa mientras eso no cambiara.
                     Cuadré los hombros y fui a enfrentarme con mi suerte, llevando al lado al
               hombre de mis sueños en carne y hueso.




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