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—¡Regresemos! Creo que tu magia no funciona bien fuera de tu país. No me alegraría quedarme sola
aquí.
Antes de desaparecer por completo, el Poulbot la llevó de regreso a Francia, a un barrio bastante
pintoresco. Se encontraban ante unas pequeñas casas de colores alineadas a lo largo de un canal,
por el que circulaban pequeñas embarcaciones.
—Estamos en Amiens, en el barrio medieval de Saint-Leu, aunque es más conocido como “la
pequeña Venecia del Norte”.
Pasearon por la calle mientras Cloe admiraba la variedad de colores de esas casitas antiguas, y
llegaron al puente de Dodane. Desde allí, observaron maravillados la puerta de la catedral, situada al
frente. La iluminaban con luces de colores muy llamativas.
—Hace muchos siglos, en la Edad Media, la puerta tenía esas tonalidades. Ahora sólo los vemos de
vez en cuando, con las luces.
Cloe caminaba y miraba a su alrededor fascinada. Una torre redondeada llamó su atención.
—¡Entremos, ya verás qué interesante!
En el interior, los objetos de la casa le hacían recordar algo, sin saber bien el qué. Sobre la mesa,
encontró un globo terráqueo y un libro desgastado por el paso del tiempo.