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EL REGRESO Y LA LLAMA
anó el concurso y le entregaron una corona brillante.
GPero al tocarla, comprendió: el verdadero tesoro era
el pañuelo de su madre, el vínculo con su gente. La corona
era solo metal; su cultura era vida.
De vuelta en el barco, miraba el horizonte con otro cora-
zón. Ya no viajaba con dudas, sino con certeza: su danza
era más que un talento, era una misión.
Cuando regresó, Boma la recibió con alegría, pero tam-
bién con heridas. La sombra de los invasores seguía allí.
Sin embargo, al verla, los ojos de muchos recuperaron un
brillo perdido
Ella volvió a bailar, pero esta vez con un propósito nuevo.
Su danza era voz, era fuego, era bandera. Invitó a su pueblo
a unirse.

