Page 125 - Rassinier Paul La mentira de Ulises
P. 125
RASSINIER : La mentira de Ulises
Los visitantes de importancia, tales como el gauleiter Sauckel, el jefe superior de la
policía de Weimar, Hennicke, el príncipe de Waldeck-Pyrmont, el coude Ciano,
ministro de Asuntos Exteriores de Italia, comandantes de la circunscripción militar,
el jefe de Sanidad del Reich doctor Conti, y otros visitantes de esta categoría
quedaban frecuentemente hasta la hora de formar filas por la noche.» (Página 257.)
Así pues, se ocultaban cuidadosamente las huellas o las pruebas de malos tratos, no
solamente en general a los visitantes extranjeros u otros, sino incluso a las más altas
personalidades de la S.S. y del III Reich. Yo me figuro que si estas personalidades se
hubieran presentado en Dachau y en Birkenau se les habría suministrado respecto a las cámaras
de gas explicaciones tan pertinentes como sobre el «potro» de Buchenwald. Y yo planteo la
cuestión: ¿Cómo se puede afirmar después de esto que
[223] todos los horrores de los que han sido teatro los campos formaban parte de un plan
concertado en las «altas esferas»?...
En la medida en que, a pesar de todo lo que se le ocultaba, Berlín descubría algo
insólito en la administración de los campos, se dirigían llamadas al orden a las jefuturas de la
S.S.
Una de ellas, que procedía del jefe de la Sección D, estipulaba con fecha del 4 de abril
de 1942 lo siguiente:
«El Reichsführer de la S.S. y jefe de la Policía alemana ha ordenado
respecto a sus órdenes de apaleamiento (tanto en los hombres como en las mujeres
en prisión preventiva) que en caso de que se añada la palabra «grave» conviene que
se aplique la pena en las posaderas al desnudo. En todos los demás casos, se
seguirá el método usado hasta el presente, conforme a las anteriores instrucciones
del Reichsführer de la S.S.»
Eugen Kogon, que cita esta circular, añade:
«En principio, antes de aplicar la pena a palos, la dirección del campo debía
solicitar la aprobación de Berlín y el médico del campo tenía que certificar al
W.V.H. de la S.S. que el preso tenía buena salud. Este fue el uso durante mucho
tiempo en todos los campos, hasta que al fin en gran número de ellos se comenzó
por enviar al preso al "potro" y darle tantos golpes como se juzgaba oportuno.
Luego, después de haber recibido la autorización de Berlín, se comenzaba de nuevo,
pero esta vez oficialmente.» (Página 99.)
No hay que advertir que el apaleamiento se aplicaba casi siempre en las posaderas al
descubierto y que para luchar contra este abuso y no para agravar la pena, fue enviada a todos
los campos la circular en cuestión.
Ciertamente, uno puede sorprenderse y encontrar bárbaro que el apaleamiento haya sido
uno de los castigos previstos. Pero ésa es otra cuestión: en un país como Alemania en el que
con el nombre de «Schlag» hasta fines de la guerra 1914-1918 estaba previsto para todo el
mundo como el castigo más benigno, no resulta sorprendente que haya sido mantenido por el
nacional-
[224] -socialismo para los delincuentes mayores, sobre todo si se tiene en cuenta que la
república de Weimar obró de la misma manera. Más sorprende que en un país como Francia,
donde montones de circulares han confirmado su supresión desde hace un siglo, millones de
negros continúen estando expuestos a él y lo sufran efectivamente con las posaderas al
descubierto, puesto que tienen por añadidura la mala suerte de vivir en regiones de la tierra
donde no tienen necesidad de ir vestidos.
Otra circular fechada el 28 de diciembre de 1942, procedente de la Oficina central de
administración económica de la S.S. (registrado en el libro de correspondencia secreta con el
número 66/42, referencia D/111/14h/82.42.Lg/Wy) y llevando la firma del general Kludre de
la S.S. y de las Armas S.S., dice:
«... Los médicos de los campos deben vigilar más de lo que lo han hecho
– 125 –