Page 128 - Rassinier Paul La mentira de Ulises
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RASSINIER : La mentira de Ulises
dentales trabajaban clandestinamente, exponiéndose a graves riesgos y de una
manera apenas concebible. Se fabricaron dentaduras, aparatos de prótesis y puentes
para los presos a los cuales habían partido los dientes los de la S.S o que los
habían perdido con motivo de las condiciones generales de vida.» (Página 131.)
Es exacto. Pero los "camaradas" ayudados eran siempre los mismos: un Kapo, un jefe
de bloque, un Lagerältester, un secretario, etc. Los de la masa que habían perdido sus dientes
por las razones indicadas murieron sin haber recuperado otros artificiales, o tuvieron que
esperar hasta la liberación para ser cuidados.
La clandestinidad de este trabajo era, por lo demás, muy especial y llevaba el acuerdo
previo de la S.S.
«Durante el invierno 1939-1940 se llegó a crear una sala clandestina de
operaciones gracias a la estrecha colaboración de una serie de comandos y al acuerdo
tácito del doctor Blies de la S.S....» (Página 132.)
Se apreciará su alcance y sus consecuencias si se tiene en cuenta que las instalaciones
dentales y quirúrgicas estaban previstas en provecho de todos los presos de todos los campos.
Y que gracias a la complicidad de algunos de la S.S. bien situados, esas instalaciones
pudieron ser desviadas de su fin en provecho exclusivo de la Häftlingsführung. Mi opinión es
que si aquellos que procedían a este desvío «se exponían a graves riesgos» resulta muy de
justicia... visto desde abajo.
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El mismo Eugen Kogon siente la fragilidad de este razonamiento:
« El último año, la administración interna de Buchenwald estaba tan
sólidamente organizada, que la S.S. ya no tenía el derecho de inspección sobre
determinadas cuestiones interiores muy importantes.
»Fatigada, la S.S. se había acostambrado ahora a "dejar ir las cosas a su
ritmo" y, en conjunto, permitía actuar a los políticos.
»Ciertamente, siempre era la clase dirigente la que, identificándose más o
menos ( ) con las fuerzas antifascistas activas, se aprovechaba más de este estado de
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cosas: la masa de los presos sólo se beneficiaba ocasional e indirectamente de
ventajas generales, frecuentemente en este sentido de que ya no había que temer
más la intervención de la S.S. cuando la dirección de los presos, por su propia
autoridad, había tomado medidas en interés de todos.» (Página 284.)
Evidentemente, se puede interpretar que si «la S.S., en conjunto, permitía actuar a los
políticos y dejaba ir las cosas a su ritmo» era porque estaba «fatigada» o «habituada»: también
es una manera de ver las cosas... No por ello quedaré menos persuadido de que fue porque los
políticos le habían dado pruebas numerosas y perceptibles de su adhesión al mantenimiento
del orden, por lo cual había inferido ella que podía otorgarles su cofianza en un elevado
número de casos.
En cuanto a las «medidas tomadas en interés de todos», quizá evitaban la intervención
de la S.S., pero era precisamente en esta singular «ventaja» en la que radicaban las causas de
todas las catástrofes que se descargaban sobre la masa: más vale ser tratado por Dios que por
sus santos. Además, si el poder se consolida en la medida en que logra dividir a las posibles
oposiciones, también se debilita recíprocamente por ]as disensiones entre los que participan de
él: desde este punto de vista, una S.S. ejerciendo un control constante y meticuloso de todo
lo que pasaba en el campo, hubiera sustituido la desconfianza por el espíritu de connivencia en
todas las relaciones que mantenía con la
[230] Häftlingsführung. Que la S.S. no quería esto, se comprende fácilmente. Pero la otra
tampoco lo quería: había pasado deliberadamente el Rubicón, y, en vez de una situación que
le hubiese asemejado a la masa de los detenidos, prefería – costase lo que le costase a la
comunidad – la posibilidad de practicar una adulación rastrera cuyos insignificantes beneficios
1
Delicioso eufemismo.
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