Page 132 - Rassinier Paul La mentira de Ulises
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RASSINIER : La mentira de Ulises
de las operaciones, o intentase disminuir el esfuerzo bélico del III Reich procurando escapar a
él. En cambio, tenían el derecho de designar a los presos que formarían parte de los
transportes y preparaban las listas de ellos con un afán por encima de todo elogio, como ya
hemos indicado anteriormente.
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CUADRO.
«Una posibilidad resultante del "poder ofrecido por la corrupción" era el
enriquecimiento de uno o varios hombres a expensas de los demás. Esto tomó a
veces en los campos proporciones vergonzosas, incluso en aquellos en los que los
políticos estaban en el poder. Más de uno que se aprovechaba de su posición ha
llevado una vida de príncipe mientras que sus camaradas morían a centenares.
Cuando las cajas de víveres destinadas al campo, con manteca, salchichones,
conservas, harina y azúcar, eran sacadas fraudulentamente del campo por los
cómplices de la S.S. para ser enviadas a las familias de los presos de que se trata,
ciertamente no se puede decir que esto estaba justificado. Pero lo más exasperante
era cuando los miembros de menor importancia de la Häftlingsführung, en una
época en que los S.S. territoriales ya no llevaban botas altas sino simples zapatos
del ejército, se paseaban orgullosamente con trajes de moda y hechos a la medida,
como ridículos magnates, y ¡ a veces incluso llevando un perrito con una cuerda!
¡ Esto en un caos de miseria, de inmundicia, de enfermedad, de hambre y de
muerte! En este caso "el instinto de conservación" sobrepasaba todo límite
razonable y desembocaba en un fariseísmo ciertamente ridículo pero duro como la
piedra, y que se acomodaba mal a los ideales sociales y políticos proclamados al
mismo tiempo por estas personas.» (Página 287.)
Así era en todos los campos. Salvo la indulgencia y algunas reticencias, no se podría
exponer mejor, ni en menos palabras, todas las razones del horror: el instinto de conservación.
Y todos sus medios: la corrupción.
Si bien se podría interrumpir aquí el comentario de este cuadro, también se puede
tomar ejemplo en él para determinar que el instinto de conservación, tema muy antiguo, es
una cosa totalmente distinta a lo que una moral pueril enseña. Desde el feroz Guitton que,
sitiado por Richelieu en La Rochelle, se hacía
[237] sangrías para alimentar a su hijo con la sangre cocida, hasta Saturno que devoraba a sus
hijos al nacer para escapar a la muerte con la que le amenazaba el Titán, es susceptible de las
más variadas reacciones humanas. En una sociedad que asegura desde el principio la vida a
todos los individuos, hay más hombres como Guitton que como Saturno: el
comportamiento individual no permite de ninguna manera afirmar lo contrario, salvo en caso
excepcional. Pero este comportamiento sólo es un barniz al que nada araña. Basta con rasparle
un poco: si las condiciones sociales cambian brutalmente, la naturaleza humana aparece con
todo el valor que une a la vida.
El buen sentido popular conta en la voz de todos los niños de Francia que Il était un
petit navire... ( ), y se consuela en la medida en que cree disminuir el horror de la situación
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afirmando que «se echaron pajas» para saber quién sería comido, en vez de dejar la decisión a
una conjura, o tomarla «democráticamente» en asamblea general. Pero este buen sentido
popular no dejó de indignarse cuando supo que en la realidad el pequeño navío se había
convertido en el dirigible del general italiano Nobile, estrellado en los hielos polares, y
cuando se enteró de que el general fue acusado de haber sobrevivido hasta la llegada de la
expedición de socorro que localizó los restos, comiéndose a uno o varios de sus compañeros.
Si ella no reacciona violentamente contra los relatos de los campos de concentración, es
porque no resalta con claridad cómo la burocracia interna se ha comido a la masa de presos
utilizando todos los medios de corrupción, guardando para ella las pajas más cortas y
encargando del sorteo a la S.S.
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Canción popular francesa en la que se relata la travesía de un barco a cuyos tripulantes se les agotan los
víveres. El cuerpo del grumete soluciona finalmente el problema alimenticio de los demás. (N. del T.)
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