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RASSINIER : La mentira de Ulises
etc., todo lo cual lo hacía con el mayor respeto y concienzudamente. En cada una de las
habitaciones de este bloque había un receptor de radio: ni por todo el oro del mundo me
hubiese permitido girar el botón, aún teniendo la certidumbre absoluta de estar totalmente
solo. Por el contrario, sucedió dos o tres voces, hacia las ocho de la mañana, cuando todos
sus subordinados se encontraban en el trabajo, el llamarme mi Oberscharführer a su cuarto,
conectar el receptor con la B.B.C. en francés, y pedirme que le tradujese lo que escuchaba a
escondidas.
Al volver por la noche al campo, yo se lo comunicaba en voz baja a mis amigos
Delarbre (de Belfort) y Bourguet (del Creusot), recomendándoles encarecidamente que lo
guardasen para ellos o lo transmitiesen solamente a los camaradas muy seguros, e incluso en
una forma bastante estudiada para no llamar la atención y no permitir el remontarse a los
orígenes.
No nos pasó nada ( ). Pero al mismo tiempo hubo en el campo un asunto de escucha
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de emisoras extranjeras, en el cual – según creo – estuvo mezclado Debeaumarché. Yo no he
sabido nunca de qué se trataba exactamente: uno de los miembros de
[242] este grupo se me acercó un día contándome que tenía un receptor clandestino en el
campo, que por medio de él un movimiento político recibía órdenes de los ingleses, etc., y
corroboró sus declaraciones dándome noticias que yo había escuchado por la mañana o la
víspera con mi Oberscharführer. Le confesé mi escepticismo en tales términos que me
empezó a considerar como uno del que era necesario desconfiar. Esta fue mi suerte: unos días
después hubo en el campo detenciones en masa, en tre ellas la del interesado y el propio
Debeaumarché. Todo este terminó en que algunos fueron colgados. Verosímilmente se trataba
en su origen de un preso en el mismo caso que yo, que había hablado demasiado y cuyos
imprudentes chismes habían llegado a través de un soplón de la Häftlingsführung hasta el
Sicherheitsdienst (servicio de la policía secreta de la S.S.)
Cuando Eugen Kogon escribe:
«Yo he pasado muchas noches con unos pocos iniciados ante un receptor de
cinco lámparas que le había cogido al doctor Ding-Schuller de la S.S. "para hacerlo
reparar en el campo". Escuchaba La Voz de América en Europa así como el
Soldatensender West ( ) para taquigrafiar las noticias de importancia.» (Página 283.)
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Le creo fácilmente. Aunque me inclino más a pensar que ha escuchado emisiones,
sobre todo en compañía del doctor Ding-Schuller ( ). Pero todo lo demás es sólo una manera
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de dar consistencia al cuadro, por un lado para hacer creer en un comportamiento
revolucionario de los que detentaban el poder, y por otro para disculpar mejor sus
monstruosos abusos.
[243]
En cuanto a los artificios de estilo, he omitido también afirmaciones como:
«... se piensa en las prestaciones de juramento de los aspirantes de la S.S. en la
catedral de Quedlinburg, a medianoche, en la que ante los restos mortales (por otra
parte supuestos, pero declarados poco antes como auténticos) de Enrique I,
fundador del poderío alemán oriental en el medioevo, se dedicaba Himmler a
desarrollar la mística de la «comunidad de los conjurados». Después, bajo un sol
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No constituimos ningún "comité", ni ninguno de nosotros decía a todo el que se le acercase que estábamos en
relaciones con los aliados.
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Emisora norteamericana que transmitiía en idioma alemán.
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En su tesis Cruz gamada contra caduceo el doctor François Bayle refiere este curioso testimonio de Kogon en
Nuremberg: Ding-Schuller, médico-jefe del campo de Buchenwald, le pidió que se ocupase de su mujer y de sus
hijos en caso de derrota de Alemania (!...) Si esta petición llevaba consigo una contrapartida semejante - !lo que
de todas formas no diría Kogon! - la situación privilegiada de este preso singular se explicaría por un contrato de
colaboración cuya inspiración y propósitos serían mucho menos nobles de lo que se ha convenido en admitir hasta
ahora. Especular sobre esta hipótesis sería aventurado; limitémonos, pues, a registrar que la colabroración de
Kogon-SS. fue según su propia declaración, efectiva, amistosa y a menudo íntima. El precio que ha pagado la
masa de presos es otro cantar evidentemente. Pues también había una colaboración Kogon-Partido comunista.
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