Page 223 - Desde los ojos de un fantasma
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—Voy con algunos amigos un poco especiales, no se vayan a asustar.


               —No te preocupes, aquí los esperamos.






               Un rato después Sara entró al Conversario. Los miembros de la familia Alves se
               fundieron en un abrazo múltiple muy parecido al que se daban cuando Enrique
               llegaba a casa después de la comida.


               —Ya están conectadas todas las líneas. Son veinte en total —anunció el señor
               Alves cuando pasó el momento de los saludos.


               —¿Ya les dijiste? —preguntó Sara a su padre.


               —¿Acerca de tus amigos especiales? Sí, ya les advertí. ¿Quién puede ser más
               extraño que Juan Pablo? Ya estamos acostumbrados —dijo Enrique, queriendo
               restarle importancia a las particularidades de los amigos de su hija—. Diles que
               pasen.


               Sara salió un momento del Conversario y les pidió a los nunos y languis que la
               acompañaban que hicieran una fila. Ordenadamente, los habitantes de Espectra
               se acomodaron, formando una gigantesca serpiente que comenzaba en Alfama,
               bajaba hasta el Tajo, pasaba por Cais do Sodré, rodeaba amorosamente la Torre
               de Belém y se perdía con rumbo a Cascais.


               Mientras esperaban, nunos y languis mantenían su eterna (aunque ahora
               renovada) conversación.


               Cuando las primeras parejas de habitantes de Espectra entraron en el
               Conversario, todos los adultos se quedaron estupefactos. Incluso Ricardo,
               experto en el tema, se quedó sin palabras.


               Sara se mordió el labio en señal de disculpa, pero de inmediato comenzó a
               enseñar a los nunos el funcionamiento del teléfono. También Lucrecia, ayudada
               por su aparato de juguete, impartió un breve cursillo de telefonía práctica. Los
               nunos se colocaron en las cabinas. Su langui particular sostenía frente a sus
               inexistentes ojos alguno de los dibujos de Sara.


               Entonces Ana, saliendo de su asombro, comprendió cuál era el plan de su hija.
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