Page 9 - Loor de Nuestra Señora
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Es un valle el que canto, valle tibio y callado,
(Tibieza de regazo, callar ensimismado);
Su encanto un poco triste tiene el aire olvidado
Del niño que sonríe después de haber llorado.
Tiene expresión de niño por esa claridad
Con que el Cielo compensa su pura soledad.
Tiene la transparencia que da la santidad
Hecha de penitencia, templanza y humildad.
Pues en la piedra ascética labra su fortaleza
Y está en sus arenales su penitencia impresa,
Y, como ejemplo digno de la mejor pobreza,
Gana lo indispensable para tender su mesa.
Quien a nuestro valle viaja no olvidará la unción
Que infunde ese aire propio de la contemplación:
Su silencio más vale parece una oración,
Nos recuerda el silencio de la Consagración.
Si hasta sus plantas muestran devotas propensiones:
Los sauces, penitentes con sus tribulaciones,
Los álamos monásticos, en quietas procesiones,
Y, como candelabros sagrados, los cardones.
Y, en su vejez fortacha, el algarrobo andino
- Follaje barbiclaro, tronco nudoso, endrino -
Pareciera la imagen de un viejo peregrino
Parado en una acequia o al borde de un camino.
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