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504 Entonces John W Gates, que hacía de intermediario entre Morgan y Schwab,
505 sugirió que, si Schwab estuviera casualmente de paso en el Hotel Bellevue de
506 Filadelfia, J. P. Morgan podía “coincidir” con él allí. Cuando Schwab llegó,
507 sin embargo, Morgan se hallaba enfermo en su casa de Nueva York,
508 presionado por el hombre mayor, viajó a Nueva York y se presentó en la
509 puerta de la biblioteca del financista.
510 “Actualmente ciertos historiadores de la economía han profesado la creencia
511 de que esta historia, de principio a fin, fue planificada por Andrew Carnegie;
512 que aquella cena en honor a Schwab, el famoso discurso, la convención
513 dominical entre Schwab y el Rey del Dinero fueron sucesos que el astuto
514 escocés había preparado de antemano. La verdad es precisamente lo contrario.
515 Cuando llamaron a Schwab para cerrar el trato, ni siquiera sabía que “el
516 pequeño jefe”, como llamaban a Andrew, prestaría atención a una oferta de
517 venta, particularmente a un grupo de hombres quienes Andrew consideraba
518 que estaban dotados de algo menos que la santidad. Pero Schwab asistió a la
519 reunión con él, con seis hojas escritas por su propia mano llenas de datos que,
520 según él, representaban el valor físico y la capacidad potencial de ganancias
521 de cada empresa metalúrgica que consideraba una estrella esencial en el nuevo
522 firmamento del metal”.
523 “Cuatro hombres le dieron vueltas a esos datos toda la noche. El jefe, por
524 supuesto era Morgan, firme en su creencia en el derecho divino del dinero.
525 Junto a él estaba su socio aristocrático, Robert Bacon, un erudito y un
526 caballero. El tercero era John W. Gates, a quien Morgan despreciaba por ser
527 un jugador de apuestas y lo utilizó como una herramienta. El cuarto era
528 Schwab, quien sabía más acerca de los procesos de fabricación y venta del
529 acero que cualquier otro grupo de hombres en ese entonces. A lo largo de
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