Page 91 - Armenia2015final.indd
P. 91
secreto que se guarda en Armenia, es que
no sabemos quién lo planto”.
Dicen que un día apareció allí. Nadie
reparó en él… Pero eso nunca nos importó.
Los cipotes (1931) de la escuela (me da
vergüenza) nos orinábamos en su tronco
y en esto, lo confieso, le hacíamos la
competencia a los perros callejeros. No
se extrañen ni me critiquen, porque un
niño no ofende el pudor de la gente con
eso y de todos modos, peores
cosas hacían con él los millares
de golondrinas que posaban en
sus ramas, la cosa nuestra era
menos importante.
Y hablando de esto, (dicho-
sos años del 31) recuerdo que
una vez mi hermanito Héctor, PANORÁMICADE LA
de cuatro años, después de sat- CONSTRUCCIÓN DEL PARQUE
isfacer esa necesidad menor, EN LA ADMINISTRACIÓN DEL
hasta llegó a dialogar con él. ALCALDE ALFREDO MORAN
Sí, por qué dije “dialogo”, más CASTRO
que diálogo cordial era una dis-
cusión. Por eso cuando en un
mes de octubre como éste que OTRA PERSPECTIVA DEL
escribo regresábamos de enter- PARQUE CONSTRUIDO
rar al pobrecito, me causó más POR ALFREDO MORÁN
llanto pasar frente al “palo” que CASTRO. (FOTO
las generosas palabras y listones DE JOSÉ JAÉN
celestes de papel corrugado. GONZÁLEZ)
¡Cómo deseé entonces conocer el
diálogo sostenido un mes antes,
para acumularlo en mi memoria! la banda entre las 7 y 9 de la noche.
Pero déjenme girar en redondo y perdónenme La vida de Armenia en esa época era apacible.
si me estoy poniendo melancólico; pero es No había alta tecnología. Tampoco andaba
que cuando uno habla de su pueblo es como si gente a la carrera. Todo era bastante cotidi-
hablara de su propio corazón y no se pueden ano. Lutgardo Sigüenza, un joven de esa época,
evitar estas cosas. recuerda las calles alrededor del parque, empe-
El parque poco a poco se fue convirtiendo dradas. El Amate frente al portal y un policía
en un espacio de todos. Para 1940 era el sitio famoso que siempre rondaba el lugar, llamado
predilecto de la población. Los sábados y Chepón. Este personaje siempre tenía inci-
domingo, convergían en el Kiosco y asientos dentes con los jóvenes de ese tiempo. Su auto-
de cemento los campesinos y “la gente bien”. ridad a veces rompía la tranquilidad del lugar.
Los lustradores le sacaban el brillo a las botas Sigüenza, asegura que le gustaba ir a ver a
o las lavaban. Era la vida del pueblo, según el las cipotas, entre ellas a una muy bonita lla-
decir de la gente, “quien no iba al parque era mada Monserrat Vila. “Un día –relata-, estaba
porque estaba enfermo”. Las familias llegaban sentado en un sofá cerca del palo de bálsamo,
a platicar o escuchar música de la marimba y mirando a la “Monse”, ¡con que elegancia cam-
91