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tal cual era y escuchar lo que él tenía que decir, sin tener una respues- ta a todo. En una reunión sobre el Tercer Paso empecé a comprender que mi labor ya no era educar ni preparar a mi hijo. Él era un adulto y tendría que dejarle que cambiara su propia actitud, cuando le intere- sara y si le interesaba. Ahora creo que soy afortunada cuando mi hijo me dice lo que piensa. También trato de decirle lo que pienso, aunque sé que no siempre a él le gusta escuchar lo que yo tengo que decir.
Ignorar las palabras groseras: Algunas veces se malinterpreta el significado de lo que decimos. Las frustraciones y los temores con frecuencia se disimulan con insultos. Nada gano recordando siempre frases y palabras que le lanzan a uno. Olvido los insultos porque éstos no tienen sentido, pero sí digo que no me gustan. Yo sí tengo la alternativa de escuchar o no a quien me esté insultando.
Mala cara: Ocultar la ira con silencio nunca me resolvió ninguna discordia. Algunas de mis discusiones acabaron cuando me di cuenta de que estaba callada, esperando que me preguntaran: ¿Qué te pasa?”. Entonces, realmente podía decir lo que me molestaba. Cuando hice mi examen de conciencia, vi que estaba utilizando el silencio para salir- me con la mía, sin necesidad de manifestar públicamente lo que pen- saba. Así, todos tendrían que adivinar cómo me habían encolerizado. Practiqué el Quinto Paso con un amigo de Al-Anon y traté de eliminar antiguas ofensas para dejar de usar el silencio como arma.
Contar un relato: En Al-Anon contamos el relato de nuestra propia vida, no la del alcohólico. En cualquier situación, no es bueno sacar a relucir las faltas del ser amado, su comportamiento grosero, los acci- dentes, etc. En las reuniones de AA, los alcohólicos cuentan relatos sobre la época en la que bebían, pero son ellos los que los cuentan. Como reconozco la sensibilidad de mi amigo en este sentido, trato solamente de contar cómo la bebida me ha afectado a mí. Presto aten- ción a sus sentimientos y los respeto. Él no siempre devuelve el favor, pero no creo que esa sea una razón para ser menos considerada.
Preguntar: No sabía qué hacer cuando, después de varios años de sobriedad, mi compañero de cuarto desaparecía siempre que había
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Comunicación

