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Desde la perspectiva cristiana
El amor y el cuerpo
Nos expresamos con el cuerpo
Varones y mujeres nacemos diferentes y, a medida que pasa el tiem-
po, nuestro cuerpo sufre transformaciones y cambios. De esta forma
crecemos y cambiamos nuestra fisonomía.
Cuando una persona crece, no solo lo hace su cuerpo, sino que
se desarrolla todo su ser, físico y espiritual. No hay en el mundo
dos personas iguales. Debemos crecer integralmente, crecer en
nuestra capacidad de razonamiento, crecer en nuestra capacidad
física, crecer en nuestra capacidad de amar y, por supuesto, crecer
también en nuestra dimensión de fe.
El ser humano es una realidad concreta y compleja a la vez, posee
forma y materia.
Podemos considerar su dimensión física bajo dos aspectos: como
cuerpo que es un organismo y como ser humano, que devela su iden-
tidad personal.
Como organismo
El cuerpo nos une al mundo de los seres vivos. Se compone de
células y órganos y tiene una fisiología similar a la de otros mamí-
feros.
Materialmente estamos compuestos por una serie de elementos or-
gánicos como agua, proteínas, grasas, minerales, carbohidratos.
Como persona
La corporalidad es la expresión de la misma persona. Es el lugar desde el
cual la persona se expresa y se comunica con los demás, con el mundo
y consigo mismo. Mediante la corporalidad entramos en comunicación
con nuestros semejantes a través de sus diferentes formas de expresión
y, obviamente, también con Dios. Podemos expresar amistad, amor,
cariño, amabilidad.
Esta claro que nuestra corporalidad posee una gran variedad de posi-
bilidades para “decir” lo que somos. Por eso, todo lo corporal pasa a ser
personal: el amor, la sexualidad, el trabajo, los estudios…, todo queda
personalizado.
Esta personalización del cuerpo físico nos permite ver al ser humano como
una unidad integral y valorar su trascendencia, que es también regalo de
Dios.
Piensa
La llegada del enamoramiento va acompañada de una serie de síntomas (trastorno de la atención; uno se encuentra con la
cabeza “en otra parte”; entusiasmo; admiración por la persona de la que se está enamorado/a…) y produce una especie de
“dilatación” de la personalidad. Una cosa es enamorarse y otra —bien distinta— es mantener vivo este enamoramiento.
Esta segunda cuestión pide un nuevo paso, esto es, un amor acompañado de una elección, ya que el auténtico amor es
selectivo necesariamente. El amor sin elección (es decir, sin una vertiente intelectual-volitiva) corresponde a lo que se
acostumbra denominar “error sentimental”.
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