Page 209 - Donde termina el arco iris
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CECELIA AHERN                                                             Donde termina el Arco Iris
                       lavado de estómago. A nuestros padres no les hizo ninguna gracia.
               RUBY: No me extraña. ¿Cómo te caíste? ¿Estabas haciendo uno de tus originales pasos
                       de baile en la pista?
               ROSIE: En realidad, no. Estaba sentada en mi taburete.
               RUBY: Ja, ja. Sólo tú podrías caerte al suelo estando sentada.
               ROSIE: Ya sé que es raro, ¿verdad? ¡Me pregunto cómo ocurrió!
               RUBY: Bueno, podrías preguntárselo a Alex. Me sorprende que no se te haya ocurrido
                       preguntárselo antes.
               ROSIE: ¡Buena idea! Vaya, veo que está on-line. Voy a preguntárselo.
               RUBY: No te va la vida en ello, pero digo yo que cualquier excusa es buena para hablar
                       con él. Te espero fingiendo que trabajo mientras preguntas. Estoy intrigada...



                     Tiene un mensaje instantáneo de: ROSIE
               ROSIE: Hola, Alex.
               ALEX: Hola. ¿Alguna vez trabajas? ¡Cada vez que me conecto estás on-line!
               ROSIE: Estaba chateando con Ruby. Así sale más barato y no tenemos que contestar
                       preguntas capciosas a propósito de la factura del teléfono. El uso de internet
                       es ilimitado si pagas una cuota mensual y, por otra parte, cuando escribes
                       parece que estés ocupada. Pero da igual, sólo quería hacerte una pregunta.
               ALEX: Dispara.
               ROSIE: ¿Recuerdas que el día en que cumplí los dieciséis me caí y me di un golpe en la
                       cabeza?
               ALEX:  Ja, ja. ¿Cómo iba a olvidarlo? ¿Te has acordado porque falta poco para el
                       cumpleaños de Katie? Lo digo porque si se parece un poco a ti, deberías tener
                       miedo, mucho, mucho miedo. ¿Qué puedo regalarle? ¿Un cubo para vomitar?
               ROSIE: La edad sólo es un número, no un estado mental o una razón que explique un
                       comportamiento determinado.
               ALEX: Muy... bien, pues. ¿Cuál es tu pregunta?
               ROSIE: ¿Cómo demonios me las arreglé para caerme al suelo y abrirme la cabeza si
                       estaba sentada?
               ALEX: Dios mío. La pregunta. LA PREGUNTA.
               ROSIE: ¿Qué pasa con mi pregunta?
               ALEX:  Rosie Dunne, he estado esperando casi veinte años a que me hicieras esta
                       pregunta y creía que ya no lo harías nunca.
               ROSIE: ¿¿Qué??
               ALEX: Por qué no me la hiciste nunca es algo que no alcanzo a comprender, pero al día
                       siguiente te despertaste y aseguraste no tener ni idea de lo que había ocurrido.
                       No quise sacar el tema. ¡Bastante habías sacado la noche anterior!
               ROSIE: ¿Qué tema no quisiste sacar? ¡Dímelo, Alex! ¿Cómo me caí del taburete?
               ALEX: Creo que no estás preparada para saberlo.
               ROSIE: Eh, corta el rollo. Al fin y al cabo soy Rosie Dunne: nací para estar preparada
                       para cualquier cosa.
               ALEX: Muy bien, pues, si tan segura estás de ti misma...
               ROSIE: ¡Lo estoy! ¡Y ahora larga!
               ALEX: Nos estábamos besando.
               ROSIE: ¿¿Nos estábamos qué??
               ALEX: Eso. Estabas inclinada en el taburete besándome. El taburete se tambaleaba un
                       poco, estaba mal fijado entre las ranuras de los ladrillos viejos del suelo. Y te
                       caíste.
               ROSIE: ¿¿QUÉ??
               ALEX: Ay, las palabras de amor que me susurraste al oído aquella tarde, Rosie Dunne.





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