Page 211 - Donde termina el arco iris
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CECELIA AHERN Donde termina el Arco Iris
Toby
Para mi hija
Enhorabuena, Katie. ¡Felices dieciséis!
¡Espero que John no intente besarte!
Te quiere,
Papá
Queridos papá y mamá:
No volveré a hablar con Rupert nunca más. Felices dieciséis... ¡y un bledo!
Katie me pidió que le diera el dinero que me iba a gastar en su regalo para
poder ir al centro y elegir ella misma lo que más le gustara, cosa que me vino muy
bien porque así no tendría que pasar noches enteras en vela pensando el regalo
«perfecto» que inevitablemente detestaría y escondería debajo de su cama. Total, que
se presenta en el piso cogida de la mano del gigantón simpático (John) sonriendo de
oreja a oreja, de modo que enseguida he sabido que estaba pasando algo sospechoso.
Se ha levantado la blusa, se ha bajado los pantalones unos centímetros y allí estaba.
El tatuaje del infierno.
Un tatuaje espantoso, sucio, asqueroso, muy feo... Acabo de darme cuenta de
que empiezo a parecerme a ti, madre. Allí estaba, en el hueso de la cadera de mi hija,
sacándome la lengua.
Mamá, es muy feo. Para colmo, sangraba y empezaba a formar una costra
cuando lo he visto. Según parece, Rupert ha dicho que sus clientes sólo necesitaban
tener dieciséis años para hacerse un tatuaje, cosa con la que no estoy nada de acuerdo
de modo que he bajado a comprobarlo en internet. Resulta que tiene razón, pero ojalá
encontrara una laguna legal que me permitiera darle una patada en el culo...
El guapote del ciber café me ha preguntado si estaba bien y parecía realmente
preocupado, lo cual he pensado que quizá fuese el principio de algo nuevo para
nosotros dos. Pero entonces me he dado cuenta de que estaba aporreando el teclado
con los puños, así que lo más probable es que sólo estuviera preocupado por su
ordenador. No dispongo de tiempo en mi vida para hombres tan egoístas, de modo
que he decidido que no hay ninguna posibilidad de que surja una apasionada
aventura amorosa entre nosotros pese a las horas que pasamos juntos ante los
ordenadores. Aunque la decisión ha sido sólo mía.
Y encima resulta que cuando estaba intentando estudiar para mis exámenes
finales y el ruido de la perforadora que me llegaba desde el garito de los tatuajes no
me dejaba concentrar, lo que estaba oyendo realmente era cómo mutilaban el cuerpo
de mi propia hija.
Me ha resultado bastante complicado decirle a Rupert lo que pensaba porque
no podía manifestar mi odio por los tatuajes sin ofenderle, puesto que, como quien
dice, él es un tatuaje andante. Sería como hablar pestes de un miembro de su familia.
Aunque el tatuaje es la menor de mis preocupaciones. También se ha puesto un
piercing en la lengua. Rupert se lo ha hecho sin cobrar. Cuando habla parece que
tenga una patata caliente en la boca. Así que no es de extrañar que me haya quedado
pasmada cuando ha entrado en casa poniendo cara de monstruo y tras decir «tachán
tachán» se ha levantado la blusa. John también se ha hecho un tatuaje pero el suyo es
de un stick y una pelota de hurling. No quieras saber lo que parece ese dibujo. Rupert
ha puesto la pelota demasiado cerca y en el extremo equivocado del stick, no sé si me
entiendes.
Supongo que podría ser peor: podrían haberse tatuado sus nombres
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