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CECELIA AHERN Donde termina el Arco Iris
Capítulo 43
Querido Alex:
Los ataúdes no pueden tener más de 76 cm. de anchura; pueden estar hechos de
aglomerado con enchapados y plásticos homologados para cremación. ¿Lo sabías?
Sólo se autoriza el uso de un número limitado de tornillos ferrosos y por eso se
refuerzan con abrazaderas de madera, que sólo pueden colocarse en el interior del
ataúd.
El ataúd tiene que llevar el nombre completo del fallecido en la tapa. Supongo
que la idea es evitar confusiones. Lo que realmente hubiese preferido seguir
ignorando es que el ataúd debe forrarse con una sustancia llamada «Cremfi lm», o
usar tela absorbente o relleno de algodón porque según parece los cadáveres a veces
pierden fluidos.
No sabía nada de esto.
Y luego los formularios. Montones de formularios. Los formularios A, B, C, F y
todos los formularios médicos. Nadie mencionó los formularios D y E. No sabía que
se necesitaran tantas pruebas para demostrar que estás muerto. Pensaba que el hecho
de dejar de vivir y respirar era prueba suficiente. Pero según parece no es así.
Supongo que es como irse a vivir a otro país. Papá tuvo que arreglar sus
papeles, vestirse de punta en blanco, contratar los medios de transporte para irse a su
destino final, dondequiera que esté. Ay, cuánto le habría gustado a mamá hacer este
viaje con él, pero sabe que no puede.
En el funeral no paraba de decir a todo el mundo: «Simplemente no se despertó.
Le llamé una y otra vez pero no se despertó». No ha dejado de temblar desde que
ocurrió y parece que haya envejecido veinte años de golpe. Sin embargo, se la ve más
joven. Como una niña perdida que mira a su alrededor sin saber adónde ir, como si
de repente estuviera en un sitio nuevo y no supiera hacia dónde tirar.
Supongo que lo está. Supongo que todos lo estamos.
Es la primera vez que estoy aquí. Tengo treinta y cinco años y hasta ahora
nunca había perdido a nadie próximo a mí. He asistido a diez funerales en mi vida,
pero todos eran de parientes lejanos, amigos de amigos y parientes de amigos cuya
desaparición no ha afectado para nada a mi vida.
Pero ¿que se vaya papá? Dios, eso sí que me afecta.
Sólo tenía sesenta y cinco años. No era ni mucho menos viejo. Y gozaba de
buena salud. ¿Qué hace que un hombre saludable de sesenta y cinco años se duerma
y no vuelva a despertar? Sólo logro consolarme pensando que vio algo tan hermoso
que no tuvo más remedio que marcharse. Es la clase de cosa que haría mi padre.
Hay algo tremendamente desconcertante en lo de ver a tus padres disgustados.
Supongo que es porque se supone que ellos tienen que ser los fuertes, pero no es sólo
eso. Las personas, cuando son niños, usan a sus padres como una especie de rasero
para saber lo grave que es una situación determinada. Cuando te caes al suelo, te das
un buen golpe y no sabes si te duele o no, miras a tus padres. Si los ves preocupados
y corren hacia ti, lloras. Si ríen y patean el suelo diciendo: «suelo malo», te pones de
pie enseguida como si tal cosa.
Cuando descubres que estás embarazada y estás tan aturdida que no sabes lo
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