Page 229 - Donde termina el arco iris
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CECELIA AHERN Donde termina el Arco Iris
hijos son americanos; tendría que ponerme al día con la jerga. Es normal que
pierda el acento.
ROSIE: Bueno, no es tanto que estés perdiendo un acento como que estás ganando
otro. Pero veinte años... ¿Cómo es posible?
ALEX: Ya ves, el tiempo vuela cuando lo pasas bien.
ROSIE: Si piensas que los últimos veinte años han sido divertidos, prefi ero no saber lo
rápido que pasa el tiempo cuando disfrutas de verdad.
ALEX: Tampoco te ha ido tan mal, ¿no, Rosie?
ROSIE: Define mal.
ALEX: Venga, va...
ROSIE: No, no me ha ido muy mal, pero no me quejaría si me fuera mucho mejor.
ALEX: Bueno, nadie lo haría... Estarás entusiasmada con el trabajo.
ROSIE: Lo cierto es que sí. ¡Me siento como un crío en Nochebuena! Hacía mucho,
mucho tiempo que no estaba tan ilusionada. Ya sé que es un trabajo temporal
y que sólo estaré en prácticas, pero he estado esperando esta oportunidad
durante mucho tiempo.
ALEX: La has estado esperando durante demasiado tiempo, diría yo. Nadie sabe tan
bien como yo cuánto lo has deseado. Me sacabas de quicio cuando me hacías
jugar a hoteles.
ROSIE: Ja, ja, lo recuerdo. ¡Yo era siempre la jefa y a ti te tocaba ser el cliente!
ALEX: Odiaba ser el cliente porque no me dejabas en paz. No parabas de ahuecarme
los cojines y de apoyarme los pies en taburetes «para mayor comodidad del
huésped».
ROSIE: ¡Dios mío, ya no me acordaba de todo esto! Intentaba parecerme al tipo de
aquella serie, Isla Fantasía, que atendía a sus huéspedes con tanto ahínco que
recurría a la magia para hacer realidad sus sueños.
ALEX: Yo no diría que obligarme a meterme en cama a las dos de la tarde y arroparme
apretando tanto las mantas que apenas podía respirar fuese un servicio de
ensueño, precisamente. No sé qué clase de directora intentabas ser entonces,
pero si haces lo mismo con tus clientes reales no me extrañaría que algunos
consiguieran órdenes de alejamiento contra ti.
ROSIE: Bueno, al menos era mejor que jugar a hospitales. Ese juego en que me hacías
tropezar en suelos de cemento para luego atenderme. Mis padres solían
preguntarse cómo me hacía tantos cortes y magulladuras.
ALEX: Sí, era divertido, ¿verdad?
ROSIE: Tienes una idea un tanto distorsionada de lo que es divertido. Como los
últimos veinte años, por ejemplo.
ALEX: Obviamente no todo ha sido divertido ni para ti ni para mí.
ROSIE: No...
ALEX: Hoteles y hospitales. Suena a película porno de segunda.
ROSIE: ¡Qué más quisieras!
ALEX: Y que lo digas. Tengo un hijo de tres años que se ha aficionado a dormir entre
Beth y yo.
ROSIE: Ya, pues yo podría meterme a monja y creo que no notaría la menor diferencia.
ALEX: ¡Pero qué dices!
ROSIE: Es verdad, Alex, puedes creerme. Después de los hombres con quienes he
estado, el celibato sería como un regalo.
ALEX: No me refería al celibato; sería el voto de silencio lo que acabaría contigo.
ROSIE: Muy gracioso. Aunque de todos modos, Alex, hay ciertos silencios que te hacen
sentir en las nubes. Y dicho esto, te dejo.
ROSIE se ha desconectado.
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