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Literatura 5° San Marcos
AY AMOR DULCE VENENO
¡Ay, amor!, dulce veneno, ¡Ay, amor! glorioso infierno
ay, tema de mi delirio, y de infernales injurias,
solicitado martirio león de celosas furias,
y de todos males lleno. disfrazado de cordero.
¡Ay, amor! lleno de insultos, ¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
centro de angustias mortales, que conociendo quién eres,
donde los bienes son males abandonando placeres.
y los placeres tumultos. soy yo quien a ti te sigo?
¡Ay, amor! ladrón casero
de la quietud más estable.
¡Ay, amor, falso y mudable!
¡Ay, que por causa muero!
¿Qué es un yaraví?, se preguntaba en 1865 don Francisco García Calderón al presentar la primera edición en un
volumen de las Poesías de Melgar, que incluían ese tipo de cantos. Pero a pesar de la seriedad del estadista, la
respuesta fue solamente una efusión romántica: "no preguntemos a la cabeza; dejemos que hable el corazón"; "el
yaraví es el ¡ay! que emite el alma", etc. . Habitualmente se considera que la voz procede de "haraui", poesía o cantar
en quechua. Derivados de ella, "haravicu" o "harauec" eran los poetas, "a los cuales llamaban "harauec", que en propia
significación quiere decir "inventador", como explica el Inca Garcilaso44 . (Hipólito Unanue, al mencionar ambos
vocablos, altera la procedencia: "Arabicus: Nombre de los Poetas Peruleros; de aquí nació el de yaravíes, que dan a
sus canciones elegíacas") .
El carácter excesivamente genérico no explica mucho, sin embargo. "Haraui" era toda forma de poesía, con
prescindencia de su contenido, triste o alegre, de expresión personal o colectiva, a menudo de fiesta rural y, como
las poesías populares tradicionales de otros pueblos, con mezcla de canto y danza . La falta de escritura, así como
el paso de los siglos, no permiten fijar con exactitud los límites internos ni la evolución externa que ha de haber
tenido esa forma poética. El estudioso Middendorf, que fue el primero en analizar técnicamente la poesía en lengua
quechua, y no solamente el drama Ollantay, derivaba también la palabra del verbo "yarahuiy" o "harahuiy", contar o
inventar fábulas, y distinguía los "yarahuis" antiguos, como se denominaba originariamente a todas las poesías
incluidas las de contenido histórico, y los modernos, con cuyo nombre se designan ahora "sólo las canciones de
amor, la mayoría de las cuales tienen como motivo el amor incontestado o la deslealtad" . Esta perspicaz
observación ha sido desarrollada y documentada por Raúl Porras, quien en sus Apuntes para una biografía del yaraví
confirma "la evolución del concepto, amplio y múltiple en el siglo XVI y restringido y monocorde, teñido de melancolía
en el siglo XVIII" , o sea en la época de Melgar.
Hay un cambio marcadísimo. El "yaraví" sigue teniendo raíz tradicional, y es siempre una canción de amor nostálgico,
de lamento y de pena. Pero, rural en sus comienzos, el "yaraví" pasa a la ciudad; compuesto originalmente en lengua
quechua, se escribe después en español; de creación colectiva y anónima, pasa a tener autor con nombre propio;
del acervo popular, pasa a ser escrito por colegiales, es decir, a tener formas cultas; acompañado inicialmente por
la quena (instrumento de viento), ésta se une o se remplaza después con la guitarra (instrumento de cuerda, no
conocido por los Incas); la simplicidad de la pentatonía de la música incaica se amplía con los semitonos del sistema
heptafónico y la elaboración del canto gregoriano.
El centro de esa transformación del "haraui" prehispánico evidentemente fue Arequipa, y el poeta más relevante y de
mayor fuerza dramática fue Melgar. En él se juntan y culminan todos los elementos que caracterizan desde
entonces al "yaraví", tal como ahora inconfundiblemente se le entiende. Melgar se entronca con la poesía tradicional,
repite los temas del amor y la ausencia, utiliza el ejemplo común de la paloma, llega con la letra hasta
despersonalizarse también en cierto modo; al punto de que, a pesar de lo absorbente y lo intenso de su amor,
Antonio Cornejo Polar ha podido notar que en sus yaravíes habla de "amada", de "dueño", de "tirana", pero no
menciona por su nombre a "Silvia". Melgar recoge la emoción indígena, pero la reviste de nuevas formas, porque él
no es indio, sino criollo americano; no escribe en quechua, sino en español; no se acompaña con la quena, sino con la
guitarra. En él resuena el acento popular; pero no es un cantor anónimo, sino un poeta culto, estudiante y maestro
en el Seminario, traductor del latín, vinculado no sólo a la tertulia local de Arequipa, sino a los hombres ilustrados
de la capital del Virreinato.
Melgar no es así el creador del "yaraví", sino el asimilador y culminador de todo un proceso. Se enlaza con una
tradición e inicia a su vez otra tradición: la del "yaraví" mestizo, con formas aprendidas igualmente de la lírica
popular y la lírica culta, con sentimiento antiguo y emoción de su tiempo, con amores genéricos, pero que se hacen
fuertes por un dolor personal y profundo. De la poesía española son las palabras:
Ninguno ha de quererte
como yo te he querido.
... .... ... ... ... ... ... ... ...
Mira que hay cazadores
que con afán maligno
te pondrán en sus redes
mortales atractivos.
... .... ... ... ... ... ... ... ...
Dondequiera que vayas
te seguiré, mi dueño...;
Compendio -90-