Page 47 - literatura
P. 47

Literatura                                                                        5° San Marcos

                                                AY AMOR DULCE VENENO
                       ¡Ay, amor!, dulce veneno,                          ¡Ay, amor! glorioso infierno
                         ay, tema de mi delirio,                            y de infernales injurias,
                          solicitado martirio                               león de celosas furias,
                        y de todos males lleno.                             disfrazado de cordero.

                      ¡Ay, amor! lleno de insultos,                       ¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
                     centro de angustias mortales,                        que conociendo quién eres,
                      donde los bienes son males                            abandonando placeres.
                        y los placeres tumultos.                           soy yo quien a ti te sigo?

                        ¡Ay, amor! ladrón casero
                       de la quietud más estable.
                       ¡Ay, amor, falso y mudable!
                       ¡Ay, que por causa muero!

          ¿Qué es un yaraví?, se preguntaba en 1865 don Francisco García Calderón al presentar la primera edición en un
          volumen de las Poesías de Melgar, que incluían ese tipo de cantos. Pero a pesar de la seriedad del estadista, la
          respuesta fue solamente una efusión romántica: "no preguntemos a la cabeza; dejemos que hable el corazón"; "el
          yaraví es el ¡ay! que emite el alma", etc. . Habitualmente se considera que la voz procede de "haraui", poesía o cantar
          en quechua. Derivados de ella, "haravicu" o "harauec" eran los poetas, "a los cuales llamaban "harauec", que en propia
          significación  quiere  decir  "inventador",  como  explica  el  Inca  Garcilaso44 .  (Hipólito  Unanue,  al  mencionar  ambos
          vocablos, altera la procedencia: "Arabicus: Nombre de los Poetas Peruleros; de aquí nació el de yaravíes, que dan a
          sus canciones elegíacas") .
          El  carácter  excesivamente  genérico  no  explica  mucho,  sin  embargo.  "Haraui"  era  toda  forma  de  poesía,  con
          prescindencia de su contenido, triste o alegre, de expresión personal o colectiva, a menudo de fiesta rural y, como
          las poesías populares tradicionales de otros pueblos, con mezcla de canto y danza . La falta de escritura, así como
          el paso de los siglos, no permiten fijar con exactitud los límites internos ni la evolución externa que ha de haber
          tenido esa forma poética. El estudioso Middendorf, que fue el primero en analizar técnicamente la poesía en lengua
          quechua, y no solamente el drama Ollantay, derivaba también la palabra del verbo "yarahuiy" o "harahuiy", contar o
          inventar  fábulas,  y  distinguía  los  "yarahuis"  antiguos,  como  se  denominaba  originariamente  a  todas  las  poesías
          incluidas  las  de  contenido  histórico,  y  los  modernos,  con  cuyo  nombre  se  designan  ahora  "sólo  las  canciones  de
          amor,  la  mayoría  de  las  cuales  tienen  como  motivo  el  amor  incontestado  o  la  deslealtad" .  Esta  perspicaz
          observación ha sido desarrollada y documentada por Raúl Porras, quien en sus Apuntes para una biografía del yaraví
          confirma "la evolución del concepto, amplio y múltiple en el siglo XVI y restringido y monocorde, teñido de melancolía
          en el siglo XVIII" , o sea en la época de Melgar.

          Hay un cambio marcadísimo. El "yaraví" sigue teniendo raíz tradicional, y es siempre una canción de amor nostálgico,
          de lamento y de pena. Pero, rural en sus comienzos, el "yaraví" pasa a la ciudad; compuesto originalmente en lengua
          quechua, se escribe después en español; de creación colectiva y anónima, pasa a tener autor con nombre propio;
          del acervo popular, pasa a ser escrito por colegiales, es decir, a tener formas cultas; acompañado inicialmente por
          la quena (instrumento de viento), ésta se une o se remplaza después con la guitarra (instrumento de cuerda, no
          conocido por los Incas); la simplicidad de la pentatonía de la música incaica se amplía con los semitonos del sistema
          heptafónico y la elaboración del canto gregoriano.
          El centro de esa transformación del "haraui" prehispánico evidentemente fue Arequipa, y el poeta más relevante y de
          mayor  fuerza  dramática  fue  Melgar.  En  él  se  juntan  y  culminan  todos  los  elementos  que  caracterizan  desde
          entonces al "yaraví", tal como ahora inconfundiblemente se le entiende. Melgar se entronca con la poesía tradicional,
          repite  los  temas  del  amor  y  la  ausencia,  utiliza  el  ejemplo  común  de  la  paloma,  llega  con  la  letra  hasta
          despersonalizarse  también  en  cierto  modo;  al  punto  de  que,  a  pesar  de  lo  absorbente  y  lo  intenso  de  su  amor,
          Antonio  Cornejo  Polar  ha  podido  notar  que  en  sus  yaravíes  habla  de  "amada",  de  "dueño",  de  "tirana",  pero  no
          menciona por su nombre a "Silvia". Melgar recoge la emoción indígena, pero la reviste de nuevas formas, porque él
          no es indio, sino criollo americano; no escribe en quechua, sino en español; no se acompaña con la quena, sino con la
          guitarra. En él resuena el acento popular; pero no es un cantor anónimo, sino un poeta culto, estudiante y maestro
          en el Seminario, traductor del latín, vinculado no sólo a la tertulia local de Arequipa, sino a los hombres ilustrados
          de la capital del Virreinato.
          Melgar  no  es  así  el  creador  del  "yaraví",  sino  el  asimilador  y  culminador  de  todo  un  proceso.  Se  enlaza  con  una
          tradición  e  inicia  a  su  vez  otra  tradición:  la  del  "yaraví"  mestizo,  con  formas  aprendidas  igualmente  de  la  lírica
          popular y la lírica culta, con sentimiento antiguo y emoción de su tiempo, con amores genéricos, pero que se hacen
          fuertes por un dolor personal y profundo. De la poesía española son las palabras:
          Ninguno ha de quererte
          como yo te he querido.
          ... .... ... ... ... ... ... ... ...
          Mira que hay cazadores
          que con afán maligno
          te pondrán en sus redes
          mortales atractivos.
          ... .... ... ... ... ... ... ... ...
          Dondequiera que vayas
          te seguiré, mi dueño...;


            Compendio                                                                                       -90-
   42   43   44   45   46   47   48