Page 188 - Confesiones de un ganster economico
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Al considerar el porvenir, me pareció que entrábamos en una época sumamente
favorable para el gangsterismo económico. Paradojas de la vida, en ese mismo
momento histórico se me ocurría a mí dejarlo. Cuanto más lo pensaba, más seguro
estaba. Me daba cuenta de que había elegido el momento idóneo.
En cuanto a lo que esto pudiese representar a largo plazo, yo no tenía ninguna bola
de cristal que me lo anunciase. Pero la historia enseña que los imperios no son
duraderos y que el péndulo siempre oscila en ambas direcciones. Desde mi punto de
vista, los hombres como Roídos ofrecían alguna esperanza. Estaba seguro de que el
nuevo presidente de Ecuador entendía muchas de las sutilezas de la situación del
momento. Había proclamado su admiración por Torrijos y aplaudido el coraje de
Cárter en la cuestión del canal de Panamá. Me pareció que no iba a contemporizar. Era
de esperar que su fortaleza encendiese una luz para los dirigentes de otros países, muy
necesitados del tipo de inspiración que él y Torrijos estaban en condiciones de
suministrar.
A comienzos de 1981 la administración Roídos presentó formalmente al
parlamento ecuatoriano la ley de hidrocarburos. De ser aprobada, reformaría las
relaciones entre el país y las compañías petroleras. Por diversas razones, muchos la
consideraron revolucionaria e incluso radical. Ciertamente iba encaminada a cambiar la
conducción de los negocios en el sector, y su influencia saltaría las fronteras de
Ecuador para irradiar a toda Latinoamérica y al resto del mundo. 1
Las compañías petroleras reaccionaron como era de prever: sin contemplaciones.
Sus agentes de relaciones públicas emprendieron una campaña de difamación contra
Jaime Roídos y sus grupos de presión invadieron Quito y Washington, carteras en
mano cargadas de amenazas y de sobornos. Intentaron presentar al primer presidente
ecuatoriano democráticamente elegido de la era moderna como un nuevo Castro. Sin
embargo, Roídos no cedió a los intentos de intimidación, sino que reaccionó
denunciando la conjura entre la política, el petróleo... y la religión. El Summer
Institute of Linguistics fue acusado de connivencia con las petroleras y se decretó, en
una medida audaz y quizá temeraria, su expulsión del país. 2
Pocas semanas después de enviar al Parlamento este paquete legislativo, y un par
de días después de la expulsión de los misioneros del SIL, Roídos advirtió no sólo a las
compañías petroleras sino a todos los intereses extranjeros que debían poner en
marcha proyectos de utilidad para el pueblo ecuatoriano, o serían expulsados a su vez.
Después de pronunciar un gran discurso en el Estadio Olímpico Atahualpa de Quito,
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