Page 213 - Desde los ojos de un fantasma
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Después el fadista y el inventor de palabras se fueron hacia los señores Alves,
pero Haruki se quedó atónito cuando reconoció el rostro de aquella mujer. Era la
misma que había visto en sueños trastabillando a las afueras del convento. Sin
duda era ella.
—Pensarás que estoy loco, pero llevo un buen tiempo buscándote —le dijo
Haruki—. Un día te vi en la placita del Convento do Carmo.
—No me viste a mí. Viste a la que era yo mientras soñaba. Yo estaba dentro de
un cuento y seguía las instrucciones de un escritor muy aburrido. Yo, la
verdadera Natasha (así me llamo), nunca he estado en ese lugar.
—¿Fui testigo de tu sueño?
—Parece que sí.
—Esas cosas no suceden en Tokio.
—Tampoco en Zagreb.
—Típico de Lisboa —dijo Haruki.
—Típico de Lisboa —asintió Natasha.
El señor Alves estuvo a punto de interrumpir la conversación de la pareja pero
una mirada de su esposa le indicó que lo mejor sería que se quedara callado.
Natasha y Haruki debían aclarar muchas cosas.
Una comisaría no es el lugar más romántico del mundo, pero el amor es así:
suele presentarse en los sitios más insospechados. De cualquier manera, no
duraron mucho tiempo allí. Todos decidieron que lo mejor sería ir al Conversario
para decidir los pasos a seguir.
Natasha y Haruki caminaron por las calles de Lisboa tomados de la mano.
Un milagro (ya no era sueño ni cuento).