Page 28 - Biografía de un par de espectros: Una novela fantasma
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Pero la sencillez de nuestro mundo no se limita a algo tan aburrido como el
               aspecto. Hay muchos otros factores que hacen que nuestra existencia, en
               comparación con la de los humanos, sea mucho más llevadera. Vayamos con

               algún ejemplo.

               En donde yo nací no existe la comida. Como no hay comida, tampoco hay
               vómitos blancos que inquieten a los recién nacidos. Y sin esa preocupación

               inaugural que tanto agobia a los bebés humanos, nuestra existencia es desde un
               principio mucho más llevadera.

               Los pequeños no viven cada cuatro horas envueltos en un infierno de baberos

               sucios apretándoles el cuello, por lo que tienen mucho tiempo para pensar en
               cosas más interesantes. Allá cada quien ocupa el más diminuto gramo de su
               existencia en cumplir sus sueños.


               No descansamos en paz hasta lograr nuestro objetivo. Digamos que nos
               atrevemos a todo y por eso mis congéneres son famosos por aparecer casi en
               cualquier circunstancia. Por eso es que hay muchísimos soldados. Los piratas
               son legión.


               También hay quien ha decidido vivir en los sótanos de un teatro famoso para
               calmar sus ambiciones de tramoyista, o devorar cada uno de los libros que se han
               escrito en la historia de la humanidad. Somos indios y vaqueros, monjes y jinetes
               (sin cabeza en los casos más extravagantes).


               A unos les da por el campo y a otros les interesa más vivir la tranquila rutina
               familiar, y aparecen de vez en cuando en cualquier pasillo anónimo de una
               casona perdida en el barrio más antiguo de la ciudad.


               Yo, por ejemplo, desde muy chico supe que no descansaría hasta convertirme en
               una estrella de cine. Pero ya estamos desviándonos del tema, así que por un
               momento olvídate de mí y regresemos a las revelaciones en torno a la familia
               Isla.


               No voy a decir que Daniel era el bebé más bello del mundo, aunque tampoco era
               feo. Diré que físicamente parecía un bebé del montón. Ni gordo ni flaco, ni
               hermoso ni horrible. Tenía los ojos verdes, la boca grande y una nariz que
               semejaba un diminuto cañón con dos agujeros.
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