Page 16 - Diálogos
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sobre. Parecía que tenía mucho tiempo escondido de-
          trás,  empezaba  a  colorearse  amarillo  en  las  puntas,
          pero la fecha de caducidad no había expirado hace
          mucho, apenas unos cuantos meses.
          Era  un  sobre  de  pasta.  No  sé  necesita  mucho  para
          eso, solo agua, aceite y ajo, si es que tienes. Abrí el
          refrigerador y, gracias destino, un ajo a medio podrir,
          pero  que  aun  tenía  partes  rescatables  me  saludo,
          dichoso de poder terminar sus fríos días y ser utilizado
          para aquello que Dios le había sido encomendado. Lo
          tomé, limpié y corté, eliminado aquellas partes mohosas
          que sobresalían de su cáscara café.

          Tomé  una  olla  que  me  había  regalado  mi  mamá
          cuando me fui a vivir solo y que ahora era uno de
          los pocos recuerdos que me quedaban de ella. La lavé,
          enjuague y llené a la mitad con agua del grifo. Encendí
          la  llama  del  fogón  y  lentamente  observé  como  se
          formaban las burbujas del agua en ebullición. Tomé la
          pasta, limpié un poco el polvo que se había filtrado
          y puse los fideos en el agua, junto al ajo, para que
          comenzará su transformación, de ser cosas completa-
          mente diferentes, a convertirse en uno solo, una pasta
          que reconforta el alma y calma la barriga.

          Pasaron 5 minutos, hasta que el gas del hornillo diera
          su último aliento, los suficientes para que la comida
          estuviera casi al dente. Sin más tardanza, tome una
          camisa vieja  y  envueltas  las  manos  con  ella,  tire  el
          agua  caliente  y  lechosa  al  fregadero.  Directo  de  la
          olla, tenedor en mano, comencé a degustar mi obra.

          Nunca una comida tan decadente me supo a gloria.





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