Page 32 - Visiones de Alejandria | 3ra edicion | Editorial HL 2019
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Editorial HL | Literatura Moderna


                  Pero también había grandes momentos de silencio y gozo, como por ejemplo cuando


                  se me apareció una tanda de arañas y bichos rastreros que me comí, porque veía que

                  no pasaba milagro y ya me moría.



                  Fue grandioso probar varios insectos por primera vez, todo por sobrevivir y seguir ahí


                  andando,  reflexionando  ya  solo  cuanto  me  gustaba  estar  deambulando  por  ahí.


                  Compadeciéndome a mí mismo, perdí la sensación de los pies tras casi una semana, al

                  grado que sentía que volaba.



                  Una de esas horas de elevación, en las que sentía que mis pies estaban por encima del


                  suelo, recordé que llevaba una semana sin probar bocado y mire al suelo, mirando con


                  gran emoción que flotaba, apenas flotaba unos centímetros pero avanzaba y flotaba.



                  Fue increíble así como rápido, porque apenas perdí la concentración enfocándome en

                  el milagro, que este se cortó de tajo y volví con los dos pies sobre la tierra. Totalmente


                  extasiado  por  las  visiones  que  el  desierto  estaba  provocando  en  mí.  Y  es  que

                  literalmente no lo podía creer, pensaba que todo era una alucinación, o más bien, un


                  espejismo provocado por el mismo calor en el ambiente. ME tambalee y caí de rodillas,


                  pero seguí andando, bebí agua y anduve hasta volver a caer, pero esta vez de cara,


                  rompiéndome la nariz, perdiendo justo en ese momento el sentido del tiempo hasta

                  que desperté, a razón de que me quemaba la cara el sol, y es que de alguna manera el


                  viento  o  el  mismo  desierto  me  habían  volteado  boca  arriba  mientras  dormía

                  desmayado.



                  Ya no traía mi cantimplora y mi túnica estaba desgarrada,  así que me la puse como


                  falda y me quite las sandalias, sin miedo al calor en los pies me aferre a mi coraje y


                  seguí andando, incluso llorando, pero caminando, pensando más y más en el momento



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