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pone de manifiesto cuando Catich estima que los remates de la capital prov1enen de
la utilización del pincel ancho, explicación que resulta sorprendente si tenemos en
cuenta la existencia de inscripciones griegas del siglo 111 a. de C. que ya presentaban
remates. El autor, incomprensiblemente, no rebate este aspecto histórico. Por otro
lado, cabe se1ialar que los especialistas han inventariado los textos latinos realizados
i:l partir del siglo 11 a. de C. que presentan remates y en los que no se aprecia ningún
indicio del uso del pincel. A la luz de estas pruebas epigráficas debemos admitir que
la idea del remate parece muy anterior al siglo 11 de nuestra era, época en la que se
asentó el uso de la spathula.
Por consiguiente, la tesis de The Origin of the Serif pierde gran parte de su
~undamento y queda desfasada. Todo hace pensar que el pincel tan solo fue un
instrumento que resultó práctico para traducir sobre la piedra la noción del remate.
Lo que debemos retener de la teoría de Catich es, en primer lugar, que refleja la
vtsión de un hombre apasionado, dotado de una extraordinaria capacidad de
observación, que en su juventud recibió una excelente formación como pintor de
letra~. También se le debe atribuir el hecho de haber puesto de manifiesto el uso del
pincel en el proceso del grabado sobre piedra. finalmente cabe destacar que actuó
con cierto grado de mala fe, probablemente para dar más crédito a su tesis, al reflejar
en el libro únicamente aquellas inscripciones cuyo esbozo pintado parece indiscutible. Base de la colum na !rajan¡~ que contiene la
/\1 actuar de este modo deja de considerar las letras capitales que no recurrieron al tn~cripción. Erigida en el año 1 1 3 d. de C.,
C)lél columna de 30m de altura es obra del
pincel y cuya cantidad no es nada desdeñable. El examen de varios millares de
atquilcclo griego Apolodoro de Damasco.
inscripciones nos obliga a constatar que su naturaleza parece extremadamente diversa, A la vez 1umba y monumenlo triunfal, su rusll'
de modo que la interpretación de Catich se revela sin duda excesiva, especialmente en c.:.piral nan a las campai1as VIctoriosas de
Trajano contra los d~ cios ( 107 el. de C.).
si se aplica al conjunto de las capitales del Imperio. Sobre este punto hemos de tener
en cuenta que durante su estancia en Roma, Catich estudió esencialmente la
columna trajana, de las que tomó copias y fotografías. Su idea principal y sus
esfuerzos se centraron en la fiel reproducción de esta capital trajana mediante
cierto número de trazos al pincel. Sin embargo, no está claro que podamos atribuir John Slevcns (Estados Unidos), 1986. Alfabeto
la misma virtuosidad a todos los lapicidas romanos. Parece poco probable que un tnrzntlo rápidamente co11 un JJincel de escritura
de pelo ele marta. Esla caligrafía ha sido
trazado previo tan sofisticado fuera necesario para obtener un grabado satisfactorio,
ejecutada de una sola pas<Jda, sin ning(111
sobre todo teniendo en cuenta el eminente sentido práctico Je los romanos. reLOque. Formato: so x 30 cm
LA ("i\PilAL ROMANA •)1