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                              1/f•ALB~NV SJ(.L·XIXV  f\B CD 11 t'C_h \ ~ ~\f, N








                                                   Por consiguiente, el origen de todas las escrituras no sería la capital monumental
                                                   grabada, sino la noción de la capital, materializada mediante la caña. Desgraciadamente
                                                   no se han conservado ejemplares manuscritos de una épota tan alta, cosa que por
                                                   otro lado no nos autoriza a suponer que no existieran y que la escritura grabada
                                                   fuera la única en vigor.
                                                      Podemos pensar que desde el siglo VI  hasta el 111  a.  de C., paralelamente a  la  letra
            [n e~ta pagina vt'mos diversos grafitos ch.•   grabada, los latinos utilizaron una escritura cursiva más práctica, de uso cotidiano,
            Pompeya, uno de los cuales representa do~
                                                   una grafía inspirada en el  aJfabeto etrusco y que conservaba todos los rasgos de la
            gladiadores en 1,1  arena, 1.00 sus nomhre.s y el
                                                   capital. Desde fmales del siglo 111  a.  de C., observamos una gran actividad escrituraría
            nümrro de sus vrctoria'
                                                   y  probablemente la aparición de la idea de gruesos y perfiles, sin duda como
            F.n otro podemos leer: U\IIYRINTIIVS  Hit. ·
                                                   consecuenda del uso intensivo deJ  instrumento de caña Más tarde, en el siglo 11  a.
            tiABITAT  MINOTAVkVS.
                                                   de C., la escritura lattna se diversificó en tres tipos pnncipales: la escritura libraría,
            Abajo H' aJtvinan la, palabras: CAE!>A.RI!>
            WGVSTI  fE.MINA  MArER  ERAl           que vio el desarrollo de la  rústica primitiva (véase el papiro de las Elegías de Gallus,
                                                   22 a. de C.)¡  la escritura común o cursiva, muy próxima a la forma capital, que se
                                                   orienta después paulatinamente hacia la minúscula; finalmente, la capital grabada,
                                                   llamada monumental, que se diferencia segím el  cuidado con el que se ejecutaba.
                                                   Desde el siglo VI  al siglo  111  a. de C., esta capital grabada se mantiene estable. Con  la
                                                   introducción de gruesos y perfiles y de los remates, el aspecto de la letra se
                                                   regulariza.
                                                      Al principio de la era cristiana estos tres tipos <.le escritura se desarrollan de un
                                                   modo paralelo. Finalmente, enlre los siglos 1 y n  de nuestra era, la  utilización del
                                                   pincel contribuye sensiblemente a la diversificación de las formas.


                                                   Los grafitos de Pompeya

                                                   Los  latinos, y en particular los pompeyanos, fueron grandes aficionados a  los
                                                   grafitos. Cuando se limpió esta ciudad de la gruesa capa de ceniza, las casas
                                                   aparecieron completamente garabateadas. ¡Las paredes hablan 1
                                                      Si nos guiamos por lo que los pompeyanos escribían sobre las paredes, podríamo!>
                                                   pensar que tenían dos preocupaciones primordiales: la política y el amor.
                                                   Conocemos el  tenor del discurso político por los manifiestos electorales, aunque en
                                                   ocasiones toman un cariz abiertamente  jocoso y tildan de asno o de buey a quien no
                                                   vote por el candidato anunciado. En cuanto al  discurso amoroso, nos sorprende
                                                   sobre todo por su inventiva y su libertad. Las mujeres no son menos fogosas:



















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