Page 64 - Cloe-y-el-poubolt-magico
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—¿Me vas a dar sustos hasta el último día?
            —Agárrate a las cuerdas, sigue adelante, hay que buscar un tesoro.



            Cloe consiguió salir de ahí a duras penas; atravesaron pasadizos oscuros, se encontraron con algún
            pirata aterrador y, finalmente, encontraron un tesoro. En el interior, un surtido de dulces franceses hizo
            que los ojos de Cloe brillasen: macarons de colores, croissants de chocolate y tiernos brioches. Cloe
            los probó todos e intentó disimular lo ricos que estaban, pues no deseaba hacer sufrir a François.



            Y así, con la boca llena y manchada de chocolate, es como Cloe volvió a la plaza.



            —Mañana regreso.


            Cloe no podía decir mucho más, iba a echar mucho de menos a ese espíritu burlón de ese barrio de
            artistas.



            —Los espíritus somos mágicos. Tal vez volvamos a vernos.


            Por  unos  segundos,  la  magia  del  Poulbot  logró  que  fuese  visible  ante  todos  los  ojos.  Justo  en  el

            momento que Cloe se abalanzó a abrazarlo. Finalmente, más de un pintor comprendió lo que pasaba.


            Al día siguiente, desde el avión, Cloe miró el barrio de Montmartre, a lo lejos. Creyó ver un punto
            brillante y pudo oír a su amigo:



            —Tú serás una gran artista. ¡Cree en ti!
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