Page 60 - Cloe-y-el-poubolt-magico
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Y al momento se encontraron en el interior, aunque no de una ballena, sino de un submarino anclado

            en el puerto.


            —Esto es el submarino Espadón. Dio diecisiete vueltas al mundo y fue el primer submarino francés
            que navegó bajo el hielo polar.
            —¡Qué interesante!



            Cloe correteó por los estrechos pasillos, probó las ajustadas literas y terminó en el puesto de “oídos
            de oro”. Se colocó los cascos e intentó oír el sonido de la superficie.



            —¡Sólo escucho un barullo horrible!
            —Hay  que  ser  un  experto.  Los  tripulantes  de  este  submarino  podían  distinguir  un  barco  en  la
            superficie, el crujir de un iceberg o incluso cientos de gambas chocar contra el casco.



            Y, sin prepararla para la próxima aventura, Cloe se vio dentro de un coche de carreras, con un casco y
            a toda velocidad por el circuito de Le Mans. Su vehículo era veloz y ligero y el Poulbot la ayudaba con
            el volante. En una recta, cogió tal velocidad que el coche se alzó y se separó unos milímetros del

            suelo.


            —¡¡¡Vamos a volar!!!


            Y así es como Cloe se vio en la plaza de Montmartre, al grito del vuelo; sus manos pretendían sujetar

            un volante invisible y su pie apretaba un acelerador inexistente.


            Definitivamente, sus padres y todos los habituales de la plaza habían decidido ignorar sus rarezas.
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