Page 49 - Matilda
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—Entonces dime cuántas son dos por cuatrocientas ochenta y siete.
—Novecientas setenta y cuatro —respondió al instante Matilda.
Hablaba tranquila y cortésmente, sin ningún alarde de presunción.
La señorita Honey miró a Matilda totalmente asombrada, pero cuando volvió
a hablar lo hizo sin alterar el tono de voz.
—Eso es estupendo —dijo— pero, por supuesto, multiplicar por dos es mucho
más fácil que por otros números mayores. ¿Sabes alguna otra tabla de
multiplicar?
—Eso creo, señorita Honey. Creo que sí.
—¿Cuáles, Matilda? ¿Hasta cuál sabes?
—No… no lo sé exactamente —respondió Matilda—. No sé lo que quiere
usted decir.
—Quiero decir que si sabes la tabla de multiplicar del tres.
—Sí, señorita Honey.
—¿Y la del cuatro?
—Sí, señorita Honey.
—Bueno, ¿cuántas sabes, Matilda? ¿Sabes todas hasta la del doce?
—Sí, señorita Honey.
—¿Cuántas son doce por siete?
—Ochenta y cuatro —respondió Matilda.
La señorita Honey hizo una pausa y se echó hacia atrás en su asiento, tras la
mesa desnuda que había frente a la clase. Se sentía totalmente desconcertada por
aquella situación, pero tuvo buen cuidado en no demostrarlo. Nunca se había
encontrado con una niña de cinco años, ni siquiera de diez, que supiera
multiplicar con tal facilidad.
—Espero que estéis escuchando esto —dijo dirigiéndose al resto de la clase
—. Matilda es una chica muy afortunada. Tiene unos padres maravillosos que ya
la han enseñado a multiplicar por un montón de números. ¿Fue tu madre la que te
enseñó, Matilda?
—No, señorita Honey, no.