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taba pasando por la misma situación, un cansancio endémico que
                     había empezado a  insinuarse tras su descomunal investigación
                     acerca de la electrólisis. Esta crisis supuso no pocos inconvenien-
                     tes para Faraday, no solo en lo profesional sino también en lo per-







                ADA LOVELACE, LA PRIMERA PROGRAMADORA INFORMÁTICA
                Ya  recuperado de su  debilitamiento físi-
                co  y  mental,  Faraday  protagonizó  un
                encuentro que, de haberse desarrollado
                de otro modo, quizá habría  revolucio-
                nado la  incipiente tecnología informática
                del  momento. El  encuentro tuvo lugar
                con Ada Byron, la  hija de lord Byron. Fa-
                raday se presentó a Ada Byron con estas
                palabras,  en  1844:  «Pertenezco a  una
                secta pequeña y despreciada de cristia-
                nos, conocidos, si es que acaso lo somos,
                como sandemanianos». El  encuentro con
                la  condesa de Lovelace constituye uno
                de esos grandes momentos de la historia
                en los que resulta  muy pertinente pre-
                guntarse ¿qué habria pasado si. .. ? La hija
                de  lord  Byron  ya  había  trabajado con
                Charles Babbage y su máquina analítica,   Retrato de 1838 de Ada Byron.
                escribiendo los primeros algoritmos para
                computadora -conjuntos de instrucciones definidas y  finitas  para  llevar a
                cabo una actividad- . Pero los conocimientos técnicos de la época no permi-
                tían llevar a cabo los planteamientos teóricos de estas dos mentes avanzadas
               a su época. Por esa razón, Ada Byron estaba fascinada por los descubrimien-
               tos eléctricos de Faraday, y creía que estos acaso podrían contribuir en sus
                investigaciones, de modo que le rogó que la  aceptara como discípula.

                La  tentación
                Faraday,  fiel  a su  religión,  reculó, a  pesar de que también empezó a sentir
               fascinación por aquella mujer tan bella e inteligente, hoy considerada la  pri-
               mera programadora informática de la historia: creyó que cabía la  posibilidad
               de poner en peligro su  propio matrimonio. A pesar de todo, las comunicacio-
               nes epistolares entre ambos se  mantuvieron por unos años, hasta la  prema-
               tura muerte de Ada Byron en 1852.








          126        LA INTERACCIÓN ENTRE MATERIA, ELECTRICIDAD Y  LUZ
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