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José Manuel Bermúdez Siaba
Louro, ocupando también la isla de A Creba, desde donde observaban toda la
ría y las poblaciones que se levantaban a lo largo de sus costas. Los piratas se
amparaban en la protección brindada por Monte Louro para lanzar sus ataques
contra las ciudades ribereñas. De ahí la importancia que las torres de vigilancia
tenían para Muros y su comarca.
Esas continuas incursiones de piratería obligaban a los lugareños a abandonar
sus hogares desde mediados de la primavera hasta finales del otoño, ocultándose
todo este tiempo en los montes para evitar ser asesinados o hechos prisioneros.
Esa situación permitía a los asaltantes ocupar las villas costeras durante gran
parte del año.
Ya en época mucho más cercana, Diego Gelmírez, el famoso prelado de San-
tiago de Compostela, encargó a los expertos italianos que construyesen galeras
para defender a los habitantes de la Ría de la intrusión de los corsarios y atacar a
sus barcos antes de que pudiesen entrar en la cala. Sus descendientes en el cargo
continuaron defendiendo el estuario durante mucho tiempo.
Crucero de la Santa Cruz. Monte Louro al fondo
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