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Muros. Historia viva
















                            Incursiones piratas





                     e cree que los barcos romanos también llegaron a Muros para embarcar
                     el oro extraído de las minas de Brandomil, en Mazaricos, desde donde
              Shabrían construido caminos para el transporte. Además de los dólme-
            nes, fortalezas y otros restos celtas, todavía hay algunos vestigios de antiguas
            calzadas romanas que comunicaban las poblaciones más importantes de la costa
            gallega.

                No hay duda de que Muros existió mucho antes del siglo IX, época en la que
            fueron designadas por Tructino las iglesias de sus proximidades.
               Tanto Muros como algunos de los lugares de su región ya existían en tiem-
            pos prehistóricos, aunque no se conocía con el nombre que se le dio más tarde:
            «Puebla de Muro» (del año 830 son los primeros datos en los que se cataloga
            a Muros como una de las Iglesias pertenecientes al Obispado de Iria-Flavia; se
            llamaba por entonces Bendemire). Por lo tanto, a partir de 1230 se comenzó a
            conocer como Villa de Muro, tal como la llamó Fernando IV en el privilegio de
            sesión a la Iglesia del Apóstol.
               Se deduce que el Muros primitivo ocupaba el mismo lugar que ahora pero
            mucho más reducido, probablemente ocuparía el área entre lo que hoy es el
            Ayuntamiento, la Iglesia de Santa María del Campo y la playa del Castillo. Esta
            situación favorecía la salvaguardia de la población contra los ataques de la pira-
            tería turca y árabe. Los habitantes podían prepararse para la defensa o huir cuan-
            do fueran advertidos por los vigilantes que se apostaban en las torres existentes
            en el Monte Atalaya y en Rebordiño, desde donde podían ver a los barcos que se
            adentraban en la bahía.
               La villa de Muros, así como O Freixo y Noia, fue visitada periódicamente
            por los piratas, atraídos por el movimiento de estos puertos a los que llegaban
            los barcos con cargas para abastecer a la ciudad de Santiago. Aquellos piratas
            usaban como refugio para descansar y reparar sus barcos la ensenada de Monte


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