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Muros. Historia viva


            de mayo de 1408, Luis Soga hizo un homenaje al arzobispo Lope de Mendoza
            por la fortaleza Peñafiel, y ocho días después, él y su hermana, Paio Mariño,
            cedieron a la Iglesia de Santiago todas las propiedades de las que disponían en el
            alfoz muradano. Dos meses más tarde, en la iglesia de Arcos y ante el pertiguero
            mayor, Juan de Mendoza, Luis Soga de Lobeira se ratificaría en su donación a la
            Iglesia de Compostela. A pesar de esto, su conflicto con Trastámara continuaría
            aún por más de un año, hasta que Luis Soga se quejó ante el notario de que el
            conde le estaba haciendo la guerra..
               El castillo de Peñafiel permaneció en pie hasta la primera revuelta Irmandiña
            o «Fusquenlla», durante la cual fue, supuestamente, derribado por un ejército
            de 300 hombres llegados desde Noia. Como prueba están los testimonios de los
            múltiples interrogados durante el pleito Tabera-Fonseca sobre la destrucción del
            castillo de Peñafiel. Gómez Goyanes, uno de los vecinos preguntados, describió
            el castillo como «roqueiro e forte», con una torre pequeña de poca altura y
            una saleta en el interior, que había sido derribada por la «Fusquenlla». Llegó a
            asegurar que él mismo había estado dentro. Otro de los testigos, Fernando Fal-
            cón (el Viejo), recordaba haberle llevado leña muchos años antes, y coincidía
            en su testimonio con Gómez de Goyanes; incluso llegó a tasar el coste de su
            construcción en 2.000 maravedíes. Muchos otros vecinos dieron fe de los acon-
            tecimientos acaecidos y, por lo tanto, de la existencia cierta de la fortaleza. Juan
            Goldrino; Fernando de Mini, (el Viejo); Juan Gordo; Juan García de Castriz;
            Gómez de Parizo y muchos más interrogados en el caso, coincidieron tanto en
            las características del castillo como el los hechos acontecidos. Según los histo-
            riadores Carlos J. Vago, Mártiz de Barbera y otros tres de los merinos nombrados
            por los testigos en el juicio de Tabera-Fonseca, habían sido en algún momento
            miembros de la casa de los Fonseca.
               El castillo de Peñafiel, a diferencia de otros también derribados durante las re-
            vueltas «Irmandiñas», nunca fue reconstruido, por lo cual transcurrieron cien-
            tos de años sin que se volviese a mencionar su pasado hasta que, a consecuencia
            de las investigaciones llevadas a cabo al hilo de comentarios de los vecinos sobre
            el tema, que fue pasando de generación en generación mediante la tradición oral,
            volvió a salir a la luz este significativo periodo de la historia de Galicia.



               El territorio de Outes pasó a formar parte de Muros al mismo tiempo que lo
            hicieron Carnota y Mazaricos, mediante el Fuero de Benavente en 1286; cuando
            Sancho IV otorgó a esta Villa el real privilegio de formar «Puebla», adjudicándo-
            le la jurisdicción de las tierras comprendidas entre la desembocadura del Tambre
            hasta el puente de Brandomil, y desde esta hasta la desembocadura del Xallas.


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