Page 165 - Confesiones de un ganster economico
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                          Aunque fueron varias las influencias que impulsaron la creación del grupo de
                        estudios económicos, básicamente su realización se debe al esfuerzo de un solo
                        hombre, John Perkins, en la actualidad jefe del grupo.
                              Contratado en enero de 1971 como ayudante del jefe de previsión de cargas,
                            John fue uno de los primeros economistas que figuraron en la nómina de MAIN.
                            En su primera misión formó parte del equipo de once hombres enviado a realizar
                            un estudio de la demanda eléctrica en Indonesia.

                           El artículo resumía mi historial en pocas palabras, mencionaba que había «pasado
                        tres años en Ecuador» y luego seguía diciendo:

                               Por aquel entonces John Perkins conoció a Einar Greve (un ex empleado de la
                            compañía) [la dejó más tarde para asumir la presidencia de Tucson Gas & Electric
                            Company] que se hallaba en la ciudad ecuatoriana de Paute ocupado en un
                            proyecto hidroeléctrico para MAIN. Ambos trabaron amistad y después de un
                            intercambio de correspondencia se le ofreció a John un cargo en MAIN.
                               Alrededor de un año más tarde John fue nombrado jefe de previsión de carga
                            y, conforme aumentaban las demandas de los clientes y de instituciones como el
                            Banco Mundial, comprendió que hacían falta más economistas en la compañía.

                          Nada de lo que decían ambos documentos era mentira flagrante: todo estaba
                        documentado en los archivos y en mi ficha. Pero transmitían una percepción que, al
                        releerlos, me pareció tendenciosa y maquillada. En una cultura que practica la idolatría
                        de los documentos oficiales, estos perpetraban además algo todavía más siniestro. Una
                        mentira flagrante puede ser refutada. Pero los documentos de ese tipo eran irrebatibles
                        porque se basaban en retazos de verdad, no engañaban abiertamente, y la fuente era una
                        corporación que había merecido la confianza de otras corporaciones, de los bancos
                        internacionales y de las autoridades de varios países.
                          Esto resultaba todavía más cierto en el caso del curriculum, que era un documento
                        oficial, a diferencia de la entrevista, cuyo contenido sólo comprometía a la firmante
                        del artículo. El logotipo de MAIN, puesto al pie del curriculum y en las cubiertas de
                        todas las propuestas y dictámenes que dicho curriculum venía a ad Ornar, tenía un
                        peso considerable en el mundo de los organismos internacionales. Era como un
                        marchamo de autenticidad destinado a inspirar el mismo grado de confianza que los




























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