Page 205 - Confesiones de un ganster economico
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Una tarde de 1987 se puso en contacto conmigo otro ex socio de MAIN y me ofreció
un contrato de consultoría muy sustancioso con la Stone & Webster Engineering
Corporation (SWEC). En esa época, SWEC era una de las compañías de ingeniería y
construcción más grandes del mundo, y trataba de asegurarse un lugar en el cambiante
entorno de la industria energética. Según mi contrato, yo debía reportar a una nueva
filial, una empresa independiente de desarrollos energéticos creada a imagen y
semejanza de mi IPS y las demás de ese tipo. Leí con alivio que no se solicitaría mi
participación en proyectos internacionales ni del género del gangsterismo económico.
En realidad no se me solicitaría gran cosa, según me explicó mi interlocutor. Yo
era de los pocos que habían fundado y dirigido con éxito una eléctrica independiente y
gozaba de un buen prestigio en el sector. Lo que le interesaba sobre todo a SWEC era
poder utilizar mi curriculum y que mi nombre figurase en su lista de consejeros, lo
cual era legal y se hallaba dentro de las prácticas habituales del mundo empresarial.
Para mí la oferta era especialmente atractiva porque debido a una serie de
circunstancias, estaba considerando vender IPS. La proposición de unirme a la
escudería de SWEC y de recibir una remuneración espectacular llegaba en el
momento oportuno.
El día que cerramos el acuerdo, el director general de SWEC y yo tuvimos un
almuerzo privado. La charla informal duró un rato y durante la misma me di cuenta de
que una parte de mí deseaba retomar a la actividad asesora y olvidar las complejas
responsabilidades de la dirección de una compañía eléctrica, como tener más de un
centenar de personas a mi cargo cuando construíamos una instalación y afrontar los
muchos riesgos que conlleva la construcción y la explotación de las plantas
generadoras. Estaba ya considerando cómo me gastaría los sustanciosos honorarios
que a no dudar iban a serme ofrecidos. Tenía decidido invertirlos, junto con otros
recursos, en una organización nueva sin ánimo de lucro.
A la hora de los postres, mi anfitrión llevó la conversación al tema de un libro
publicado por mí, The Stress-Free Habit. Dijo que le habían hablado muy bien de la
obra. Y luego añadió, mirándome cara a cara:
—¿Piensa escribir más libros?
Sentí un nudo en el estómago. Todo encajaba de repente, y no lo dudé:
—No — dije—. No tengo intención de publicar ningún libro por ahora.
—Lo celebro —replicó él—. En esta compañía, lo mismo que en MAIN,
valoramos la discreción.
—Lo comprendo.
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