Page 166 - Desde los ojos de un fantasma
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había arriesgado la vida por atrapar a un ladrón de dibujos infantiles.






               Cuando Míster Pro Tercero se dio cuenta de que nadie lo seguía, aminoró el
               paso. A esas horas las calles de la Baixa comenzaban a llenarse de gente, así que
               al ejecutivo de Smileys no le costó trabajo camuflarse entre la multitud.


               “Estos dibujos son el último recuerdo de las horribles ciudades del pasado;
               dentro de un rato serán un montón de cenizas deslizándose por las tubería de
               Lisboa”, pensó mientras miraba con desprecio el destartalado portafolios.


               La mayoría de las personas enarbolaban la tonta sonrisa de los Smileys y
               adornaban su cabeza con pelucas multicolores. Algunos, además, llevaban en las
               manos el inconfundible vaso del Café Invisible.


               En lugar de un portafolios semidestruido, Míster Pro Tercero podría haber
               llevado un terodáctilo enano colgado de su brazo derecho y habría sido lo
               mismo: casi nadie parecía reparar en él.
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