Page 169 - Desde los ojos de un fantasma
P. 169
CASI nadie parecía reparar en él… En la frase anterior encontramos un ejemplo
del infinito poder de las palabras, el mismo poder que evoca Ricardo.
Y es que en ese diminuto casi se encierra todo un universo. En este caso un
universo fantasma. Desde las azoteas, a través de ventanas rotas, áticos
abandonados, y hasta del fondo de las alcantarillas, comenzaron a surgir
vigilantes ojos de espectro que registraban los torpes movimientos de Míster Pro
Tercero.
Cruzó la rua da Vitoria.
Dobló en Assunção hacia la izquierda.
En la esquina de la rua do Ouro se paró a tomar aire.
Va a entrar al ascensor de Santa Justa.
Y en efecto, Míster Pro Tercero, ya casi completamente recuperado de la carrera,
ingresó en el ascensor con la intención de llegar lo más rápido posible a la
guarida de la rua Garrett.
El ejecutivo de Smileys entró en el elevador y le llamó la atención que, en lugar
de los típicos turistas que lo utilizan, el aparato estuviera completamente
ocupado por niños de rostro pálido, con ropas extrañas y algo pasadas de moda.
—Voy a la terraza superior —le anunció al elevadorista.
—Lo siento, pero este ascensor baja.
—Pero si precisamente estamos en la planta baja —protestó Míster Pro Tercero.
En ese momento las puertas del aparato se cerraron violentamente y comenzó un
descenso a gran velocidad. Un descenso de esos que provocan que el estómago
te dé un vuelco.
—Disculpe, pero está usted algo equivocado: para llegar a la verdadera planta
baja del ascensor de Santa Justa tenemos que bajar trescientos cuarenta y ocho
pisos… y para allá vamos. ¡Bienvenido a Espectra!