Page 195 - Desde los ojos de un fantasma
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—¡ALTO ahí, bribones! —gritó el señor Alves dando un espectacular giro sobre
               la alfombra, igual al que dan los comandos de asalto en las películas de acción:
               voltereta que estuvo a punto de hacerle perder la sábana que le cubría el cuerpo.

               La puerta era ahora un triste montón de maderas y astillas fracturadas. Ricardo y
               Haruki también entraron al departamento, aunque de una manera menos
               espectacular.


               —¡Papá!

               —¡Hija!


               —¡Enrique!


               —¡Juan Pablo!


               —¿Por qué vienen disfrazados de fantasmas? —preguntó Sara cuando por fin se
               disipó la sorpresa general.


               —No somos fantasmas —respondió Haruki, ligeramente ofendido por la
               equivocación de la niña—. Venimos disfrazados de hechiceros de Osaka.


               —Yo pensé que éramos samuráis —dijo Enrique con decepción.


               —Pues yo siempre pensé que éramos gei-shas —murmuró Ricardo.


               —Eso ya no importa —intervino Juan Pablo.

               Entonces unos y otros comenzaron a ponerse al tanto de todo cuanto sabían
               acerca de la invasión de los Smileys. Al final dos cosas quedaron claras: no les

               quedaba otra posibilidad que enfrentarse a la peligrosa organización, y debían
               recuperar los dibujos de Sara cuanto antes.





               “¡Alto ahí, bribones!”, gritó el jefe de la policía dando un espectacular giro sobre
               la alfombra, igual al que dan los comandos de asalto en las películas de acción y
               los señores con forma de pastelillo de vainilla en algunas novelas: voltereta que

               estuvo a punto de hacerle perder la gorra que le cubría la cabeza. La puerta
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