Page 196 - Desde los ojos de un fantasma
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seguía igual de rota. Otros policías también entraron al departamento, aunque de
manera menos espectacular.
—¡Papá!
—¡Hija!
—¿Qué sucede?
—¡La señora que ayuda en la limpieza de este lugar nos reportó un secuestro! —
respondió el comandante.
—Efectivamente —señaló Juan Pablo—. La niña y yo fuimos rehenes de los
Smileys.
—¡Eso es absurdo! Si los Smileys son todo sonrisas —exclamó un oficial que
dejaba ver debajo de su gorra el nacimiento de una cabellera azulada.
—Detrás de sus cancioncitas pegajosas y de su horrible perro chihuahueño se
esconde un grave peligro —comenzó a explicar el señor Alves.
—Discúlpeme —lo interrumpió el comandante—, pero yo no puedo hacerle
mucho caso a un hombre que va vestido como si el mundo entero fuera un
gigantesco baño sauna. Cúbrase, por favor. ¡Dios mío qué espectáculo tan
bochornoso!
En ese instante se comenzaron a escuchar unos tímidos lamentos que provenían
del cuartucho de la limpieza. El comandante ordenó que abrieran la puerta, y
frente a todos quedó La Voz del Sentimiento, o Míster Ex Doble, o un temible
malhechor haciéndose pasar por una víctima.
—La señora de limpieza tenía razón. Estos hombres me han tenido secuestrado
desde ayer. Ya no soporto las esposas. Gracias por venir a rescatarme —dijo
entre sollozos el ejecutivo de Smileys.
—Ese hombre es un mentiroso. Los secuestrados éramos nosotros —protestó
Juan Pablo.
—¿Y por eso estoy aquí esposado a la horrible estatua de un escuálido cowboy?
—dijo irónico La Voz del Sentimiento (o como quieran llamarlo).