Page 205 - Desde los ojos de un fantasma
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DESPUÉS de una serie de ruegos, Sara logró convencer a su madre para que le
               permitiera separarse de ella e ir, tal y como le había pedido Ricardo cuando iban
               en la furgoneta, a la pensión Nova Goa a buscar a un niño escurridizo. Ana sabía

               que aquello era muy arriesgado, pero confiaba en la capacidad de su hija. No
               había tiempo que perder, había que jugar ofensivo si es que querían ganarles la
               partida a los Smileys. Frente a la comisaría se dieron otro gran abrazo y cada
               quien tomó su camino: Ana en busca de Natasha y Sara a la pensión, aunque no
               sabía muy bien lo que le esperaba allí.


               La niña salió por Marquês de Fronteira.


               Está bajando por Fonseca.

               Dobló en Salgueiro.


               Ahora tomó avenida da Liberdade.


               Cruzará la Plaza de Figueira en cualquier momento; parece que tomará por
               João das Regras.


               ¡Perfecto! Todo está listo; no podemos dejar que se nos escape.


               Decenas de ojos vigilaban cada uno de los pasos de Sara.


               João das Regras es un pequeño callejón que parte de una de las esquinas de la
               Plaza de Figueira; justo a la mitad hay una juguetería que en realidad parece una
               puerta al pasado. Todo en ella es antiguo y bello, pero sombrío. Un poco como
               toda Lisboa. Da la impresión de que los juguetes que se exhiben en los
               aparadores, en lugar de estar esperando niños, aguardan pacientes la llegada de
               ancianos.


               Justo frente a las puertas de la juguetería Sara fue interceptada por un grupo de
               seres pequeños que de inmediato le taparon los ojos con una mascada. Después
               fue conducida en volandas por una serie de pasadizos. Cruzaron dos o tres
               puertas destartaladas, un larguísimo callejón, y llegaron a su destino: un patio
               interior olvidado y triste. Los captores de Sara le pidieron que se sentara sobre
               un cubo de basura; luego le indicaron que se quitara la mascada y que esperara
               un poco. Cuando Sara pudo ver de nuevo, se encontraba completamente sola en
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