Page 74 - El secreto de la nana Jacinta
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todo para partir lo antes posible.
Una vez más, estaba sola. En realidad no tenía nada que empacar. Lo único en la
vida que me pertenecía de verdad eran las perlas mágicas de mi abuela, y esas sí
las tomé entre las manos para volver a estrecharlas en mi pecho hasta sentir, una
vez más, el calorcito de la compañía en mi corazón. Unos días más tarde, los
titiriteros y yo salimos de Sombrerete con dirección a la ciudad de México.