Page 89 - Diario de guerra del coronel Mejía
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CUANDO NOS MIRA PUNTO QUÉ SUGIERES HAGAMOS PUNTO TÍO
MANOLO
Las patrullas, trasladadas a las calles cercanas a la vecindad, dado que en el patio
del edificio se empezaron a reunir los niños que molestaban al Coronel, nos
llevaron a nuestra primera acción de guerra.
Últimamente sólo dábamos la vuelta por la Ciudadela y sus alrededores.
Probablemente los cañones de la rotonda hicieran al Coronel sentirse más en
ambiente. O la guarnición que custodiaba la milicia. Lo cierto es que una tarde,
cuando marchábamos por Tolsá, vimos aparecer por una esquina a un niño
japonés gordo y a su madre. Ambos iban de sandalias y sin meterse con nadie.
Pero el Coronel sabía que en el enemigo no hay que confiar nunca. Por eso los
vigilamos desde que los vimos aparecer hasta que, minutos más tarde, se
metieron a una vecindad en Emilio Dondé.
Vi en el rostro del Coronel que no esperaba encontrarse con un enemigo tan
pronto. Y de una manera tan contundente. Hubo un algo de nervios en sus
órdenes y en la forma en que hizo que nos desplazáramos tras el enemigo.
Estuvimos vigilando la puerta de la vecindad por un largo rato sin saber qué
hacer.
—Coronel —me atreví a sugerir— ¿quiere que ataquemos la plaza?
—No, cabo. Hay que esperar.
—¿Qué esperamos, Coronel?
—¿Está cuestionando mis órdenes, cabo?
—No, señor.
—Entonces cierre la boca.
Se le veía nervioso. Probablemente porque estábamos en una situación muy
delicada. Bola de Arroz era nuestro enemigo, pero ya antes había dicho el
Coronel que “Ningún militar dispara contra ningún civil por muy fea que sea la
guerra”. Así que me imagino que quería cerciorarse de que Bola de Arroz fuera