Page 408 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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elementos. Como son partícipes de las virtudes astrales de su origen, estos elementos

  neutralizan determinadas formas desequilibradas de la actividad celestial y, cuando se
  combinan  adecuadamente,  contribuyen  en  gran  medida  al  bienestar  humano.  Poco

  sabemos en la actualidad acerca de estas propiedades mágicas, pero es posible que al

  mundo moderno le resulte provechoso analizar los descubrimientos de los filósofos

  antiguos  que  determinaron  aquellas  relaciones  mediante  una  experimentación
  exhaustiva. De dicha investigación surgió la costumbre de identificar los metales con

  los  huesos  de  las  diversas  divinidades.  Por  ejemplo,  según  Manetón,  los  egipcios

  consideraban que el hierro era el hueso de Marte y la piedra imán, el de Horus. Por

  analogía,  el  plomo  sería  el  esqueleto  físico  de  Saturno;  el  cobre,  el  de  Venus;  el
  azogue, el de Mercurio; el oro, el del sol; la plata, el de la luna, y el antimonio, el de la

  tierra.  Tal  vez  se  demuestre  que  el  uranio  es  el  metal  de  Urano  y  el  radio,  el  de

  Neptuno.
       Las cuatro edades de los místicos griegos —la Edad de Oro, la Edad de Plata, la

  Edad  de  Bronce  y  la  Edad  de  Hierro—  son  expresiones  metafóricas  que  hacen

  referencia  a  los  cuatro  períodos  principales  de  la  vida  de  todas  las  cosas.  En  las
  divisiones  del  día,  representan  el  amanecer,  el  mediodía,  el  crepúsculo  y  la

  medianoche; en la vida de los dioses, los hombres y el universo, denotan los períodos

  del nacimiento, el crecimiento, la madurez y la decadencia. Las edades griegas también

  guardan  una  correspondencia  estrecha  con  las  cuatro  yugas  de  los  hindúes:  Krita-
  yuga, Treta-yuga, Dvapara-yuga y Kali-yugu. Ullamudeian describe de esta manera

  la  forma  de  calcularlas:  «En  cada  uno  de  los  doce  signos  hay  1800  minutos;  si

  multiplicamos esta cifra por 12, el resultado es 21 600; es decir, 1800 x 12 = 21 600. Si

  multiplicamos  21  600  por  80,  el  resultado  es  1728  000,  que  es  la  duración  de  la
  primera  edad,  llamada  Krita-yuga.  Si  multiplicamos  el  mismo  número  por  60,  el

  resultado  será  1296  000,  que  son  los  años  de  la  segunda  edad,  Treta-yuga.  Si  se

  multiplica esta cantidad por 40, el resultado es 864 000, la duración de la tercera edad:
  Dvapara-yuga. La misma cantidad, multiplicada por 20, da 432 000, la cuarta edad,

  Kali-yuga».  (Obsérvese  que  estos  múltiplos  disminuyen  de  forma  inversamente

  proporcional a la tetractys pitagórica: 1, 2, 3 y 4.)

       Según  H.  P.  Blavatsky,  Orfeo  enseñaba  a  sus  seguidores  a  influir  en  el  público
  mediante  una  piedra  imán  y  Pitágoras  prestaba  especial  atención  al  color  y  la

  naturaleza de las piedras preciosas; añade también lo siguiente: «Los budistas afirman

  que el zafiro produce serenidad y ecuanimidad y expulsa los malos pensamientos, al

  establecer  una  circulación  sana  en  el  hombre.  Lo  mismo  hace  una  batería  eléctrica,
  con su corriente bien dirigida, según nuestros electricistas. Los budistas sostienen que
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