Page 405 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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hipotético equidistante  de  todos  los  extremos. Personificaba  así  la  naturaleza  divina

  del  hombre  en  medio  de  su  constitución  compleja:  la  misteriosa  mónada  pitagórica
  ante la presencia de la díada. A un lado se elevaba la columna formidable del intelecto

  y, al otro, el pilar de bronce de la carne. A mitad de camino entre los dos se alza el

  hombre  sabio  glorificado,  aunque  no  puede  alcanzar  el  estado  elevado  sin  haber

  sufrido  antes  sobre  la  cruz  que  surge  de  la  unión  de  aquellos  dos  pilares.  Algunas
  veces, los judíos primitivos representaban a los dos pilares, Jachin y Boaz, como las

  piernas de Jehová, con lo cual querían decir al filósofo moderno que la Sabiduría y el

  Amor,  en  su  sentido  de  máxima  exaltación,  soportan  todo  el  orden  de  la  creación,

  tanto el mundano como el supramundano.





  El santo Grial



  Igual que el zafiro Schethiyâ, el Lapis Exilis, la joya de la corona del arcángel Lucifer,
  cayó  del  cielo.  Miguel,  arcángel  del  sol  y  dios  oculto  de  Israel,  a  la  cabeza  de  los

  ejércitos  angélicos,  se  abatió  sobre  Lucifer  y  sus  legiones  de  espíritus  rebeldes.

  Durante el conflicto, Miguel, con su espada flamígera, arrancó de un golpe el brillante
  Lapis  Exilis  deja  corona  de  su  adversario  y  la  piedra  verde  atravesó  los  anillos

  celestiales  y  cayó  en  el  abismo  oscuro  e  inconmensurable.  De  la  gema  radiante  de

  Lucifer  se  formó  el  sangreal,  o  Santo  Grial,  del  cual  dicen  que  bebió  Cristo  en  la
  última cena.

       Aunque sigue siendo objeto de controversia si el Grial era una copa o una fuente,

  por  lo  general  se  representa  como  un  cáliz  de  considerable  tamaño  y  belleza  poco

  corriente.  Según  la  leyenda,  José  de  Arimatea  llevó  la  copa  o  Grial  al  lugar  de  la
  crucifixión  y  recogió  en  ella  la  sangre  que  manaba  de  las  heridas  del  nazareno

  moribundo. Posteriormente, José, que se había convertido en custodio de las reliquias

  sagradas —el sangreal y la lanza de Longino—, se las llevó a un país lejano. Según

  una versión, sus descendientes al final depositaron aquellas reliquias en la abadía de
  Glastonbury,  en  Inglaterra;  según  otra,  las  llevaron  a  un  hermoso  castillo  en

  Montsalvat, en España, construido por los ángeles en una sola noche. Con el nombre

  de Preste Juan, Parsifal, el último de los reyes del Grial, llevó consigo a India la copa
  sagrada,  que  así  desapareció  para  siempre  del  mundo  occidental.  La  búsqueda

  posterior  del  sangreal  constituyó  el  motivo  de  la  mayor  parte  de  las  historias  de

  caballería andante de las leyendas artúricas y las ceremonias de la mesa redonda.                               [99]

       Jamás se ha dado una interpretación adecuada de los Misterios del Grial. Algunos
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