Page 400 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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habilidad mecánica de aquellos pueblos primitivos. Estas reliquias consisten en rocas
enormes, apoyadas en uno o dos puntos pequeños, de tal manera que se balancean al
ejercer una presión mínima y, sin embargo, el mayor esfuerzo no basta para hacerlas
caer. Los griegos y los romanos las llamaban «piedras vivas»; la más famosa es la
«Gygorian stone», situada en el estrecho de Gibraltar, que, aunque tenía un equilibrio
tan perfecto que se la podía mover con el tallo de un narciso, ni el peso de muchos
hombres podía hacerla caer. Cuenta la leyenda que Hércules puso una roca balancín
sobre las tumbas de los dos hijos de Bóreas, a los que había matado en combate, y la
piedra estaba tan bien colocada que, si bien se mecía con el viento, no se caía por más
fuerza que se le aplicara. Se han encontrado numerosas rocas balancín en Gran
Bretaña y en Stonehenge se han hallado rastros de una que ya no existe. [96] Interesa
destacar la posibilidad de que las piedras verdes que forman el círculo interior de
Stonehenge procedan de África.
En muchos casos, los monolitos no llevan ninguna talla ni inscripción, porque sin
duda son anteriores tanto al uso de herramientas como al arte de la escritura. Algunas
veces se han cortado las piedras para darles forma de columnas u obeliscos, como en
los monumentos rúnicos y en las piedras de lingam y sakti; en otras ocasiones se les
ha dado una forma más o menos parecida a la del cuerpo humano, como en el caso de
las estatuas de la isla de Pascua, o se han convertido en figuras esculpidas con primor,
como las de los indios centroamericanos y los khmer de Camboya. Las primeras
imágenes de piedra tosca apenas se pueden considerar efigies de una divinidad en
particular, sino, más bien, un intento rudimentario del hombre primitivo de
representar, en las cualidades duraderas de la piedra, los atributos procreadores de la
divinidad abstracta. En todas las etapas intermedias entre el hombre primitivo y la
civilización moderna ha persistido el reconocimiento instintivo de la estabilidad de la
divinidad. Algunas pruebas más que suficientes de la supervivencia de la litolatría en
la fe cristiana son las alusiones a la «roca del refugio», la roca sobre la cual se
edificará la iglesia de Cristo, la «piedra que los constructores desecharon», la piedra
que Jacob se había puesto por cabezal y después erigió como estela y sobre la cual
derramó aceite, la piedra que David lanzó con su honda, la roca del monte Moña en la
que se erigió el altar del templo del rey Salomón, la piedra blanca del Apocalipsis y la
roca eterna.
Los pueblos prehistóricos veneraban mucho las piedras, fundamentalmente
porque eran útiles. Es probable que unos trocitos irregulares de piedra fueran las
primeras armas del hombre; los acantilados y los riscos constituyeron sus primeras