Page 720 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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Muchas figuras halladas en los diversos libros sobre simbolismo publicados en la
primera parte del siglo XVII guardan una similitud notable con los personajes y los
episodios de Las bodas alquímicas. Es posible que la boda alquímica sea la clave del
enigma del rosacrucismo baconiano. La presencia de algunas palabras en inglés en el
texto en alemán de Las bodas alquímicas indica que su autor también conocía aquella
lengua. El resumen siguiente de los episodios principales de los siete días de Las
bodas alquímicas dará al lector una idea bastante completa de la profundidad de su
simbolismo.
El primer día
Después de preparar en su corazón el cordero pascual junto con un panecillo ázimo,
Christian Rosacruz estaba orando una noche antes de Pascua cuando lo sorprendió
una violenta tormenta que amenazaba con derribar no solo su casita, sino hasta la
colina en la que se alzaba. En medio de la tempestad, alguien le tocó la espalda y, al
volverse, vio a una mujer espléndida, con alas llenas de ojos y vestida con ropas de
color celeste y tachonadas de estrellas. En una mano sujetaba una trompeta y, en la
otra, un paquete de cartas en todos los idiomas. Entregó una carta a C. R. C. y de
inmediato se elevó en el aire y, al mismo tiempo, dio un toque de trompeta que
sacudió la casa. Sobre el sello de la carta había una cruz extraña y las palabras In hoc
signo vinces [190] . En el interior, escrita con letras doradas sobre campo azur, había una
invitación a una boda real.
La invitación conmovió profundamente a C. R. C., porque así se cumplía una
profecía que había recibido hacía siete años, aunque se sintió tan indigno que quedó
paralizado de miedo. Al final, después de recurrir a la oración, trató de dormir. En sus
sueños, se encontraba en un calabozo repugnante con una multitud de hombres, todos
atados y encadenados con gruesas cadenas. Para empeorar sus graves sufrimientos,
tropezaban entre ellos en la oscuridad. De pronto, llegó desde arriba el sonido de unas
trompetas, se levantó la cubierta del calabozo y un rayo de luz rasgó la penumbra.
Enmarcado en la luz apareció un hombre de cabeza cana, que anunció que
descendería una cuerda siete veces y que quien pudiera aferrarse a la cuerda sería
izado y quedaría libre.
Se produjo entonces una gran confusión. Todos querían agarrar la cuerda y