Page 32 - Diálogos
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Tres:Veintiuno
El celular sonó varias veces. Sonó hasta despertar mis
oídos, aturdidos por tanto ruido, por tanta soledad.
Despacio me levante de mi cama. Como si estuviera
flotando.
Pase por entre montones de ropa, casi sin tocarla,
apenas rozándola, como si estuviera inexistente. El te-
léfono había dejado de sonar hace apenas unos se-
gundos, pero yo ya estaba levantando, caminando por
entre tela sucia y colillas de cigarros. Parpadeaba la
luz de la pantalla, avisando una llamada perdida.
Otra vez el celular sonó hasta hacerme reaccionar. En
la mesa, junto a él, está un vaso y un par de platos.
Estos se iluminan al son de A Wolf at the Door. Toman
sombras caprichosas, reflejadas en la pared y en el
techo. Me embobo con esos colores y esas sombras.
Hasta que nuevamente deja de sonar y, como si de
un disco rayado se tratara, la pantalla nuevamente
parpadea. Doy un par de pasos más y lo tomo, es-
perando que suene nuevamente, que vibre, que brille.
Regreso a la cama. Y otra vez vuelve a sonar, con
esa tonada que me transporta, que me permite viajar
entre mi pensamiento. Que me recuerda su aroma, su
risa, su cabello enmarañado cuando hacemos el amor.
Que mis sueños son suyos. Me recuerda que pronto
ella estará enmarcada por mis brazos, que el tiempo
se detiene al besar sus labios. Que se detiene, aunque
sea solo por un instante, cuando le canto al oído.
Es ella, por la cual daría la vida y también mi eter-
nidad.
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